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La taberna errante de Chesterton y otras resistencias contra la tiranía

editada por Candyman el 05 de Junio 2004, 09:45h   Printer-friendly   Email story
desde el dept. metáforas,-alegorías-y-libros-condenadamente-buenos
El pasado domingo, en la Feria del Libro de Madrid, un editor madrileño especializado en literatura fantástica cuyo nombre seguirá siendo anónimo me comentaba las maniobras de la agente barcelonesa (cuyo nombre etc.) que afirma gestionar para España las obras de Gilbert K. Chesterton, el famoso autor de los relatos del Padre Brown, del hombre que sabía demasiado o de novelas como El club de los negocios raros o El hombre que fue Jueves. Esta agente lo intentaba extorsionar exigiéndole dinero por publicar las obras de un autor muerto, sin herederos vivos y cuya obra hace tiempo que pasó al dominio público. Y hete aquí que Acuarela Libros ha publicado la novela de Chesterton La taberna errante (HTML, pero también existe un PDF para imprimir). Tanto la novela en papel como la edición electrónica están protegidas contra la piratería, por supuesto, por una licencia Creative Commons. Esta novela es una alegoría satírica sobre la lucha por la libertad y contra los absolutismos. El texto extendido de la noticia cuenta un poco más sobre la novela, y también habla de derechos, falsos derechos, e ignominias.
La novela narra las aventuras de un militar irlandés, que tras decretarse la ley seca en el Reino Unido bajo los consejos de un pseudogurú de lo que ahora llamaríamos Nueva Era (y que además de abstemio es vegetariano), aprovecha un agujero en la ley para recorrer Inglaterra con un barril de ron, un queso y una enseña de taberna, convirtiéndose en lo que hoy llamaríamos un "establecimiento virtual de bebidas alcohólicas" pero que en la novela llaman "taberna errante".

El título me ha chocado un poco, porque la versión que leí de pequeño se llamaba La hostería volante, y La taberna errante no me provoca ese aroma a magdalenas que trae consigo la nostalgia de lo leído en la infancia. Pero la verdad es que el nuevo título es de lo más afortunado, ya que remite, como el original The Flying Inn, a la leyenda del holandés errante.

Unas palabras sobre los derechos sobre la obra de Chesterton: Antes del 95, la ley inglesa dictaba que los derechos sobre una obra literaria pasaban al dominio público 50 años de la muerte del autor. Chesterton murió en 1936, luego a partir de 1986 cualquiera podía publicar sus obras. Hasta el año 1995. En esa fecha se hizo una "armonización" europea, y el plazo de duración de los derechos se unificó y se estableció en 70 años, que es el plazo que regía en Alemania, y el más largo de todos los europeos. Claro que se podía haber armonizado a la baja y unificar según la Convención de Berna en 50 años para toda Europa, pero ¿en qué habría ayudado eso a la industria editorial establecida?

Entre 1986 y 1995 se editaron muchas obras de Chesterton, que no tenían que pagar derechos (sólo el de la traducción, si ésta aún estaba dentro de los plazos). Pero a partir de 1995, quien quisiera editar una obra tenía de nuevo que solicitar permiso a sus agentes (o los herederos de sus agentes, o los agentes de sus herederos)

Estos derechos prorrogados harían que la prohibición legal de publicar a Chesterton sin pagar derechos durara hasta el 2006. Pero esto sólo sería así si la prórroga tuviera efectos retroactivos. En realidad no es así, y no por proteger a los lectores, sino a los editores: en ese caso podría haber competencia desleal, con unos editores publicando sin pagar, al haberlo hecho entre 1986 y 1995, y otros pagando derechos, al hacerlo entre 1995 y 2006.

Por esta razón la ley de 1995 sólo afecta a las obras de aquellos autores cuyos derechos caducaran en ese año según la legislación antigua, esto es: autores publicados en el Reino Unido, y muertos en el año 1946. Un ejemplo: H. G. Wells murió en 1946. Según la legislación de antes de la armonización, sus libros se habrían podido editar libremente, y sin pagar regalías, a partir de 1996. Sin embargo, con la armonización de 1995, esto no se podrá hacer hasta el 2016.

Nótese que el peaje que hay que pagar por editar no es el único precio social, hay otro mayor: si un editor español acepta que la Agente de Barcelona(TM) tiene derecho a cobrar, entonces también acepta que tiene derecho a decidir si un libro se imprime o no, y a conceder el permiso de edición a su arbitrio, favoreciendo a editoriales más grandes, mejores clientes, etcétera.

Estos copyrights dudosos se usan también como arma de negociación, "te dejo esto si me publicas también esto otro", con lo que las editoriales están aún más en manos de los representantes legítimos (o auto-denominados) de los derechohabientes. Esto de tratar con editores tiene mucho juego, podría seguir durante páginas y páginas. Pero no voy a hacerlo, porque me arriesgo a reescribir los dos últimos libros de Lessig del tirón, y hacerlo peor. Sólo un detalle más:

Lo peor, los agentes de la obra de Chesterton ni siquiera representan a nadie. En este caso, cobran los derechos para trincar su 20% de porcentaje, y le entregan el 80% al fisco inglés o a las obras benéficas que la ley inglesa dispone. No defienden a nadie, sólo les mueve el ánimo de lucro. Las prácticas en cuestión está atentando tanto contra los editores (que a menudo financian ediciones de autores noveles o desconocidos, sin muchas perspectivas comerciales, a base de sacar también otras más lucrativas de títulos clásicos libres de derechos) como contra los lectores, que tienen más dificultad para encontrar algunas de esas obras que no son novedades que no son ni novedades ni clásicos que puedan rentabilizar el pago de regalías a autores/herederos/agentes.

Por esta razón se alegra uno tanto de que existan licencias de copyright menos restrictivo estilo Creative Commons, que explicitan esa protección contra la piratería: cualquier ciudadano puede leer, copiar y transmitir esta obra, sin que ningún pirata pueda arrebatarle esos derechos.

Más concretamente, en La Taberna Errante la forma refleja el contenido, y la licencia de copyright CC es una declaración contra la tiranía similar a la que se plantea de forma alegórica en la narración. Ojalá que mañana no tengamos que ir de pueblo en pueblo, con un portátil y una impresora, haciendo libros y huyendo de las autoridades. Aunque sería emocionante, no sería tan divertido como si lo imaginara Chesterton.

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