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El Copyfight también incluía unos talleres en horario de mañana, unos
breves cursos introductorios (de sólo tres horas cada uno) sobre tecnologías
libres para la creación artística: Processing, Blender, Pure Data. El primer
día me he perdonado el curso de Processing, porque, en fin, ya estuve en el
curso de Zachary Lieberman en Madrid hace menos de un mes, pero tengo mucha
curiosidad por saber algo de Blender, y nunca he hecho nada de 3D.
El profesor del taller fue Julian Selectparks, un artista digital que
trabaja en el campo de los videojuegos (haciendo modificaciones de juegos
comerciales y también obras originales no basadas en juegos anteriores), y
que mantiene Selectparks, algo así como el Slashdot del videojuego
artístico. En sólo dos horas nos dio un repaso a los principios de diseño 3D
con Blender, desde el modelado hasta el engine de videojuegos programable en
Python que incorpora el propio programa.
Selectparks también nos contó que valía la pena invertir tiempo y esfuerzo
en aprender el motor de juegos de Blender porque en pocos meses saldría a la
luz una noticia importante. Esto me recordó que Pablo Caedes (también
conocido como el Sabio de Lavapiés) y unos cuantos más están trabajando en
un exportador de Blender a CrystalSpace, el motor de videojuegos GPL, pero
no sé si el profesor del curso se refería a esto.
Entre la gente que asistía al taller había muchos portátiles con linux
(aunque no tantos como al día siguiente en el taller de Pure Data), y la
gente se ayudaba bastante unos a otros. Lo cual vino muy bien, porque (unica
pega, realmente) la pantalla del profesor era minúscula, y más allá de las
dos primeras filas de personas no se veía ni torta.
Y la conexión inalámbrica. Lo que ayuda poderse bajar el correo y hacer las
cosas imprescindibles de trabajo cuando uno está metido en un sitio desde
las 11 de la mañana hasta las 11 de la noche. De vez en cuando voy a
conferencias hechas con mucha pasta estilo "periodismo en internet: la
revolución y premios" en hoteles y salas de reuniones guays, y con
frecuencia me cojo un cabreo porque los únicos que llevamos portátil somos
el otro peludo y yo, y por supuesto no hay conexión por ningún sitio. La
conexión del CCCB es estupenda, y pudimos bajarnos los ejemplos del curso
allí mismo, en directo, sin ningún problema, y dárselos a los que no tenían
inalámbrica.
Tras la comida comenzó la mesa redonda sobre música. La moderaba Nacho
"pirateen mis canciones" Escolar, y entre los invitados estaban Jota, de los
Planetas, César Renduelles, de una discográfica independiente, David Bravo, que fue con diferencia el mejor, y Pablo Soto, creador de software p2p. El resumen de lo dicho se puede leer en las notas de Antonio Delgado, así que no me extenderé. Sí que haré un comentario sobre uno de los invitados.
Tirón de orejas a Pablo Soto: el software Blubster se distribuye con
un spyware conocido como Gator/Claria, y aunque no quise decir nada durante
el debate para no tocar las pelotas, no nos equivoquemos, el spyware
agresivo es claramente inmoral. Y si os preguntáis por qué la red Blubster
no es accesible desde ningún programa de software libre, yo también, así que
a lo mejor alguno de vosotros puede decírmelo en los comentarios. Según su creador, el protocolo es abierto.
Por otro lado, cuando comentó tras su charla que no había ninguna aplicación
libre que accediera a la red Blubster/ManolitoP2P, y le preguntaron si acaso
el código de Blubster era libre, contestó que no. "El protocolo sí que lo
es, pero el programa en sí está cerrado por razones de seguridad". Si
hubiera dicho "para no perjudicar a mi modelo de negocio", me habría
parecido una respuesta poco discutible, al menos en términos absolutos. Pero todos sabemos que la seguridad por la oscuridad no funciona. Bueno, aparentemente todos no.
Lessig: Verdad y Democracia en el copyFIGHT
Lessig es un auténtico maestro del power-point, tanto que me gustaría verle
defender una idea con la que yo no estuviera de acuerdo, para estudiar sus
mecanismos de persuasión desde el otro lado. Al hablar sincroniza las
diapositivas con sus palabras, usando diapositivas repetidas (o muy
similares) en los sitios donde quiere recalcar un concepto, y mezclando
fotos con diagramas, y texto corrido con titulares desnudos.
Su cuidado al preparar las presentaciones se evidencia hasta en la
tipografía que usa: P22, una versión "rota" de la
letra de máquina de escribir de toda la vida. Pensad en una courier sucia, o
en la Trixie de en la que está inspirada. Si no os suena, lo mismo sí que os
llama la atención si os digo que es la tipografía de los Expedientes X. Pues
bien, la versión modificada manualmente de una letra clásica y su poder
evocador, que no reside ni en la forma de la letra original ni en las
modificacines hechas a posteriori, sino en la conjunción de ambas,
representa y escenifica el tipo de cultura de la remezcla cuya defensa tan
elocuente hace Lessig.
Su charla estuvo dedicada a dos puntos: por un lado, los ejemplos de
extremismo del copyright contra creadores que no pueden usar materiales
preexistentes. Para esto ilustró su charla con anécdotas del estilo de las
que salen en Free Culture. Por otro lado habló la rapacidad legal de esos
mismos extremistas del copyright, centrando su charla sobre todo en el caso
Grokster.
Intentaré centrarme en las partes del discurso de Lessig que son nuevas.
Quien haya leído Free Culture o su edición española, quien hubiera asistido a
la presentación de Carrie McLaren la noche anterior, quien lea
Slashdot/Barrapunto etc. ya conoce la mitad de las anécdotas de Lessig,
que son sobre todo historias de David contra Goliat: de pequeños creadores
atenazados por el copyright de los grandes.
Quizá lo más significativo es el tono tan cuidadosamente preocupado y poco
agresivo de su charla. Algunos hemos llamado a Lessig, sin ninguna ironía ni
desprecio, "la voz socialdemócrata del copyleft". Aquí es donde se muestra
esa moderación, ese cuidado en centrar el debate siempre en "hay que
respetar a los gatitos y las sonrisas de los niños" más que en "se van a
cagar estos hijos de puta". De hecho, pese a la sincera indignación de su
voz en algunos momentos, el "se van a cagar" no aparece por ninguna parte,
se trata más bien de un "prevaleceremos porque somos más y tenemos razón".
La segunda parte de su charla, la relacionada con el análisis legal, se
centró en el caso Grokster. Su diagnóstico era de sesgo claramente negativo,
al igual que el de Doctorow, pero mucho más produndo y más basado en la legalidad que en los efectos prácticos.
Lessig hizo primero un análisis constitucionalista basado en la doctrina del
Supremo. Líbrenme los Dioses de intentar convertirme ahora en un analista de
los matices de la Constituciones de los Estados Unidos de America. Pero
Lessig lo es, y en su comparación de Grokster con el caso Betamax y con la
reciente sentencia en el caso de la "Broadcast Flag" hizo referencia
constante a cómo el tribunal supremo se ha inventado una doctrina totalmente
nueva, la del "inducement" o "inducción a la violación del copyright".
Como recordarán los que hayan leído "Por una cultura libre", en ningún
momento se ha considerado que los fabricantes de armas sean responsables de
los usos que se den a sus productos. El caso Betamax dijo lo mismo: que
mientras los magnetoscopios tuvieran un sólo uso legal, daba lo mismo que
también fueran susceptibles de usos ilegales. No así con Grokster. El
tribunal supremo ha dictaminado que basta con realizar una incitación a un
acto ilegal para que una tecnología pueda prohibirse.
Esto crearía muchos problemas para Apple y su iPod. Lessig comentó que todos
los observadores esperaban una sentencia conformada de manera que el iPod de
Apple fuera claramente legal. Pero la sentencia de Grokster también deja a
Appel en entredicho: su anuncio "Rip. Mix. Burn" podría ser una incitación a
la infracción del copyright. Después de todo, la media de canciones
compradas en iTunes por cada iPod vendido es mucho más baja que las
canciones que caben. Está claro que los que compran iPods están copiando sus
propias canciones de CD, o bajándoselas de Internet.
Por si alguien no se ha enterado, en Estados Unidos no existe el derecho
de copia privada, y aún no está tan claro que copiar los compactos a un
dispositivo portátil sea "fair use". Es posible que cualquier anuncio de
Apple que simplemente insinuara la posibilidad de copiar música en el iPod
sea considerado como "inducement" o incitación, y que Apple se vea en
problemas de forma retroactiva.
En esta parte de la conferencia Lessig fue muy duro, criticando al Tribunal
Supremo con las palabras más duras, pero sin perder el sentido del humor.
Haciendo una alusión velada al caso que él mismo perdió ante el Supremo, el
caso Eldred, dijo: "Normalmente le pego unos palos considerables al Supremo,
pero normalmente también me los pago a mí mismo. En esta ocasión no hay que
dárselos a nadie más, porque ¡el Supremo se ha equivocado solo! Sin ayuda de
nadie los Jueces del tribunal han llegado a esta sentencia tan nociva, tan
equivocada, una sentencia basada en una supuesta tradición de "common law"
completamente inventada".
Al final de su conferencia Lessig cambió un poco de tercio para hablar de la
forma en que hablamos de estos temas los que hablamos de estos temas todo el
rato. Nos dio un consejo: "no habléis de 'quiero música gratis', centrad el
debate en los problemas que el copyright genera para los creadores". Su
metáfora-guía, "truth versus democracy" (verdad frente a democracia), hacía alusión a la forma en que los
geeks estamos tan seguros de tener la razón sobre ciertos temas, que nos
olvidamos de que vivimos en una democracia, y hay que buscar los mecanismos
correctos para hacer llegar nuestros mensajes.
Parafraseo de memoria: "Hablad de los creadores, hablad de los problemas que
todo el mundo entiende. En las encuestas (se refiere a los Estados Unidos),
no todo el mundo ve todos los problemas como nosotros. No creen que deba ser
legal descargar canciones del P2P. Pero sí que creen que debería ser posible
hacer un documental sin tener que pedirle permiso al autor de los tonos de
los teléfonos de la gente que aparece. Hablad de los creadores, no de
'quiero cosas gratis'." Tengo curiosidad por escuchar de nuevo la charla en
cuanto pongan la grabación en la red, porque ahora mismo mis recuerdos están
mezclando lo que dijo Lessig con este ejemplo... que no estoy seguro de que
lo pusiera él mismo. Pero bueno.
También habló de la diferencia de la situación entre los Estados Unidos y
Europa. Puestos a ser críticos, fue la parte más floja de la conferencia, a
pesar de que lo que decía tenía toda la razón: Su argumento es que, dado el
sistema de "policy laundering" que se utiliza para "desarmonizar" las
restricciones de copyright siempre al alza y luego volverlas a armonizar,
primero en un lado del atlántico y luego en el otro, lo que hiciéramos aquí
en Europa también influia en los Estados Unidos, y que por favor hicéramos
lo posible por lastrar los intentos de los maximalistas de la Propiedad
Intelectual (e industrial).
La conferencia terminó en esta nota: Lessig felicitó a los activistas
anti-patentes de software por su reciente triunfo en el Parlamento Europeo. Tras la larga ovación empezó el
turno de preguntas, que como durante todo el CopyFIGHT fue más intersante y
revelador.
El primer turno de pregunta fue para hacer una pregunta retórica: "¿De verdad cree que el resultado en la votación sobre patentes es tan bueno?". Muchos creemos que la votación es un buen resultado
comparado con la aprobación, pero que mejor habría sido si se hubieran
aprobado las 21 enmiendas de la FFII. Lessig dijo que sí, pero que no hay
que infravalorar el logro de un montón de hackers políticos tirando los
intentos repetidos de los lobbies más poderosos de la industria del software.
Alguien más preguntó sobre las recientes acciones de Stallman desmarcándose de Creative Commons: ha hecho borrar de la página web de la Free Software Foundation toda referencia a Creative Commons, aduciendo que el proyecto de Lessig no tiene claro su concepto de libertad para la cultura. La crítica de Stallman, que coincide casi exactamente con el artículo de Ben "Mako" Hill que comentamos en barrapunto hace poco, tuvo la siguiente respuesta por parte de Lessig (de nuevo parafraseo, no tengo más que mis notas).
"Lo primero que tengo que decir es que Richard [Stallman] es una persona valiosísima que nos ha inspirado mucho a todos, y que me gustaría estar de acuerdo con él. Pero no lo estoy, y ésta es la razón. Las licencias Creative Commons funcionan permitiendo que los creadores den más libertades sobre el uso de sus trabajos. La libertad que se permite está en las manos de los creadores. Y cada vez que se usa una licencia CC, hay un trozo de cultura que es más libre que si no se hubiera usado esta licencia."
"Richard tiene una gran estatura moral como programador: nació siendo programador. Así que cuando habla de las libertades que tiene el código, tiene la justificación moral porque habla a los programadores como uno de ellos. Yo soy un estudioso académico, y por esto creo que puedo decir a la gente cómo tiene que publicar sus trabajos académicos y científicos. Pero no soy artista, y confieso que no sé cómo tiene que hacer la gente con su trabajo, ni me siento moralmente justificado para decírselo. Creative Commons les dice como pueden hacer sus obras más libres, no cómo deben hacerlo, porque creo que este no es nuestro papel".
Después de la conferencia Lessig, visiblemente fatigado, se detuvo un poco a firmarnos ejemplares de su libro (que los Traficantes de Sueños estaban vendiendo en el mismo recinto), y se marchó a hacer unas cuantas entrevistas que aún le quedaban, llevándose con él a la mitad de los asistentes.
Holmes Wilson: "Downhill Battle es un grupo de activistas tradicionales"
Downhill Battle tuvo el dudoso honor de seguir a Lessig. A alguien le tenía
que pasar, pero tuvo que ser difícil para Holmes Wilson tratar con un público que estaba aún bajo los efectos del poderoso maestro del power-point-fu (de hecho, era keynote-fu, como ya han señalado algunos críticos).
Downhill Batlle es un grupo de activistas en el campo musical: su objetivo es romper el oligopolio que las grandes compañías mantienen sobre la distribución musical, y devolver el control a los músicos e intérpretes.
Su principal arma retórica es el humor situacionista. Sus eslóganes políticos están llenos de elementos pop, referencias al punk y a otras formas de propaganda internas a la industria musical. Uno de sus principales activos es que saben cómo funcionan los medios, y saben cómo funcionar en paralelo con ellos para amplificar su mensaje. Pertenecen a la tradición de "culture-jamming" de Adbusters, por ejemplo, y aunque se hicieron famosos por el Grey Tuesday, una acción en la web con motivo de la prohibición del Grey Album, también realizan otro tipo de acciones.
Por ejemplo: si los pacatos de la industria norteamericana hacen pegatinas de advertencia de que un disco de rap contiene "letras explícitas", Downhill Battle van al supermercado a poner en los CDs pegatinas que dicen "esta discográfica paga a las emisoras para que no pongan música independiente" y "esta discográfica patrocina pleitos contra niños y familias". Si quieres, tú también puedes hacerlo comprándoles las pegatinas o imprimiéndotelas en casa.
De su presentación extraje dos ideas fundamentales. La primera, que es la que más me sorprendió, es que Wilson afirma que ellos son activistas tradicionales, y que lo de la música es para ellos sólo un campo de actividad, igual que podría ser cualquier otro. Me sorprende porque sus métodos parecen tan perfectamente adaptados al tema que tratan que no me los imagino en otro campo.
La segunda idea es totalmente lógica, sin embargo. Holmes invitó al público a montar con ellos Downhill Battle España, para realizar acciones paralelas en sitios a los que ellos no pueden llegar por todo tipo de razones, desde motivos económicos hasta lingüísticos. No sé yo cuánto éxito le auguro en un país donde se presenta más gente ante la sede de la SGAE en Madrid siguiendo una convocatoria de manifestación del que lo hace ante el juez para poner una demanda contra el canon de los CDs.
Estos últimos días he estado teniendo intensas discusiones con gente que parece creer que fueron las manifestaciones anti-patentes de software las que lograron el voto en contra en el Parlamento Europeo. Nada más lejano. Las manifestaciones fueron sólo una fracción menor del 1% de las acciones.
Se ganó porque teníamos a un ex-primer ministro francés patrocinando nuestras enmiendas. Se ganó porque se hizo un trabajo de información en todos los países de la Unión Europea, e incluso en algunos que aún no lo eran pero estaban a punto de unirse. Se ganó porque teníamos cientos de miles de firmas, y porque la gente que habló con los asistentes de los políticos sabía de lo que hablaba. Se ganó porque se hizo trabajo de fondo. Y luego, al final, cuando estábamos a "todo o nada", se hizo una manifestación. Pero la manifestación, sin todo lo anterior, no habría servido de nada.
Y esta es la lección que sacó este corresponsal del segundo día de CopyFIGHT: que tenemos (todos) que mejorar el ratio lirili/larala, y escoger mejor las batallas en las que queremos luchar, y hacer trabajo de fondo antes de (o al menos además de) salir a gritar a la calle, o por la tele. Porque salir a la calle a manifestarse puede ser una forma de decir tu verdad, pero a lo mejor es más fácil si la haces pasar con democracia.
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