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Libros electrónicos en El País

editada por poncho el 20 de Abril 2000, 13:16h   Printer-friendly   Email story
desde el dept. Caramelos-envenenados
Jose Antonio Millán (JAM) escribe varios artículos en el Ciberpaís de hoy, la sección semanal de informática del diario El País. JAM trata el tema de la edición electrónica: describe qué son los libros electrónicos, lista las posibilidades existentes hoy día en el mercado, y se hace eco del reciente éxito de Stephen King y de las réplicas no autorizadas de este libro (pirateadas según JAM: ¿qué es un pirata?) que han circulado por la Red. Hay un asunto al que JAM dedica un párrafo, y que sin embargo es para mí el aspecto más importante, por la amenaza que representa para la sociedad, de las propuestas de libros electrónicos que se están vendiendo hoy día: los sistemas de protección, mejor llamados de represión.
El debate alrededor de los libros electrónicos que mantienen desde hace años los autores, los editores y los lectores, ha venido centrándose en los aspectos funcionales, la interfaz de usuario, la legibilidad o no de los libros electrónicos, etc. Sin embargo, el asunto de los mecanismos de represión/protección que incorporan es para mí el más importante, porque los sistemas propuestos pueden significar el final de los libros tal como los conocemos hoy, el final del método de acceso más o menos universal a la instrucción y a la cultura al que estamos acostumbrados desde que se comenzó a difundir la palabra escrita. Estas frases pueden parecer catastrofistas a primera vista, pero lo que está en juego es el propio derecho a la cultura del ciudadano, al que se anteponen los intereses de editores y autores. Estos últimos creo que están siendo engañados, pues de prosperar los sistemas de limitación del uso de obras intelectuales en formato digital que conllevan los libros electrónicos, son los propios autores los que verán limitados los canales de difusión de su obra, que acabarán estando aún más controlados y centralizados, no ya por grupos editoriales, sino por grupos tecnológicos que impondrán los formatos en los que se puede o no publicar, al imponer el dispositivo necesario para la lectura.

Muchos autores, ciegos ante la amenza, defienden gremial y reaccionariamente cualquier medida represora que les sea vendida por sus editores como el mecanismo que garantizará su derecho a imponer la forma en que se puede redistribuir su obra (eufemísticamente llamados derechos de propiedad intelectual). Agitando la bandera de la represión de los mal llamados piratas, los editores y muchos autores están actuando tan gremialmente como cualquier sindicato de altos vuelos o de vía estrecha a los que estamos acostumbrados a soportar en España.

Volviendo a los artículos de JAM, en el que dedica al libro electrónico de Stephen King se dice: "Ya hay medios legales para perseguir a quienes difundan materiales de los que no son propietarios, y los sistemas individuales de transmisión ilegal hacen poco daño cuando se trata de obras de venta masiva." Describe JAM someramente en otro de los artículos alguna de las posibilidades represoras de estos libros electrónicos: "Para preservar el negocio, los libros comprados para un dispositivo dedicado, o para un software instalado en un ordenador, no pueden ser leídos en otro equipo o con otro programa." Sin duda estos sistemas atentan contra los derechos del lector/consumidor: impiden que le prestes un libro electrónico que has comprado a otra persona, algo posible y creo que legal con los libros actuales. Se están proponiendo sistemas que permiten que cada vez que lees un libro se envíe un mensaje a la editorial a través de Internet para detectar, en tiempo real, quién y desde qué dispositivo está leyendo el libro, no vaya a ser que el consumidor que nos ha comprado un libro, el muy canalla, se lo haya dejado a su mujer y ésta lo esté leyendo en su ordenador portátil. De aquí a que a esta pareja se le prohíba la lectura, no dejándoles comprar más libros en el futuro por piratas, sólo hay un paso. ¿Y si le prestamos el propio dispositivo de lectura con el libro cargado? Tampoco parece que esto se pueda permitir si queremos preservar los mal llamados derechos de autor: que se compre su ejemplar. Con los libros de papel era difícil prohibir esta práctica, pero con tecnología digital es implementable: los sistemas biométricos se están abaratando, y en pocos años cada ordenador traerá su sistema de autenticación vía huellas digitales, escáner de retina, iris, etc. El fin (muy mal llamados derechos de autor) justifica los medios.

No, estos mecanismos no son ciencia ficción. Sistemas como los utilizados por EBX, EMatter, Adobe, Xerox, referenciados por JAM en sus artículos, persiguen implementar exactamente lo descrito en el párrafo anterior. No dejes de leer estos artículos y los referenciados desde ellos si empiezas a estar preocupado por los inocuos libros electrónicos: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8

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