por
pobrecito hablador
el Sábado, 06 Diciembre de 2003, 11:02h
(#241864)
Los transgénicos pueden tener resultados nefastos a medio o largo plazo, no sólo sobre los seres humanos sino también sobre el resto de especies.
Esa afirmación no tiene niguna base científica, por eso te escudas en el "pueden tener". Todo, repito, todo lo que te comes ahora, por muy ecológico que sea es diferente a como era hace unos siglos. El agricultor o ganadero elige las plantas que, debido a mutaciones espontáneas, producen más o crecen más rápido. Las mazorcas de maíz que trajeron las primeras embarcaciones desde América no eran más grandes que tu meñique, pero los agricultores han ido eligiendo las más grandes. Mejora genética, le llaman.
El verdadero problema de los transgénicos, como tú también apuntas, son las empresas. Las que tienen el poder de subyugar a países como la India y obligarles a comprar SUS semillas. Ése es el problema. No los transgénicos en si. Porque si hubieran científicos "open source" que investigaran en cultivos transgénicos por el bien del planeta, nadie diría nada. Igual que tampoco se pone el grito en el cielo cuando se crean cerdos transgénicos para conseguir órganos que puedan transplantarse a los humanos.
Mucha culpa de esta falta de diferenciación la tiene Greenpeace, cuyos activistas salen en la televisión vestidos como si estuvieran en una central nuclear. Ellos tienen la información y pueden diferenciar entre el producto y las prácticas de las empresas, pero confunden a la población que no dispone de esos conocimientos.
"Los transgénicos pueden tener resultados nefastos a medio o largo plazo, no sólo sobre los seres humanos sino también sobre el resto de especies".
Por supuesto que sí, esto es indiscutible. Y hablo como Ingeniero Técnico Agrícola que desarrolla su actividad en I+D, y soy totalmente respetuoso con los avances tecnológicos en agronomía.
El uso de especies transgénicas rompe el desarrollo antrópico que se venía realizando en mejora genética. Éste se basaba en la elección rigurosa de las especies que mejor se iban adaptando a las condiciones de cultivo, inclusive aquellos cultivares que las empresas de semillas sacan al mercado (normalmente híbridos), que confieren a las plantas mayor resistencia a los patógenos, mejor adaptación a las condiciones del cultivo (luz, disponibilidad de nutrientes...), etc. Todo ello trae detras muchísimos años y esfuerzos en investigación, pruebas, protocolos, etc.
La gran desconfianza de los transgénicos es precisamente la modificación del código genético, que aún resulta extremadamente irregular, y podría concurrir en consecuencias secundarias que aún desconocemos.
En cambio, centrémonos en lo que sabemos. La principal ventaja de los transgénicos es la incorporación de plaguicidas que aumenten la resistencia de la planta ante diversos ataques. Sin embargo, el gran problema y la gran desconfianza que generan se basa en que las patentes están en manos de inmensas corporaciones farmaceúticas y químicas, que sacan al mercado sus semillas con gran agresividad. De ahí que no se hagan todas las pruebas pertinentes.
Estas plantas no sólo actúan sobre las plagas de los cultivos. También sobre los enemigos naturales y las especies auxiliares que rodean un cultivo, disminuyendo dramáticamente la variabilidad faunística de la zona. En agronomía sabemos que ésto resulta fatal. Ello provoca la aparición de plagas muchísimo más virulentas, muchas antes no eran importantes, y acaban convirtiéndose en epidemias.
Lo más preocupante es la imposición de los monocultivos. Cuándo tenemos millones de hectáreas muy próximas, todas con el mismo cultivo, la misma variedad transgénica (o natural), corremos el riesgo de sufrir un desastre natural y social (de aquí la problemática que nos salpica a los humanos), al tener asociado a nuestro consumo y a nuestra supervivencia el buen desarrollo de un monocultivo que resulta, no nos engañemos, tremendamente vulnerable a pesar de su procedencia transgénica.
Las plagas y los patógenos responden a un esquema de supervivencia muy peculiar: invierten muy poca energía en cada uno de sus vástagos (al contrario que los mamíferos, por ejemplo), de manera que generan millones de descendientes, de los cuáles (está ya más que comprobado) tarde o temprano aparece uno resistente al plaguicida, y acaba convirtiéndose en un problema. Imaginaos millones de hectáreas de jugoso monocultivo ofrecidas a una plaga resistente a cualquier producto, sin enemigos naturales que puedan controlarla. Terrible.
Evidentemente éstas empresas químicas no son ONGs, y los transgénicos no tienen el objetivo de erradicar el hambre. Si seguimos el razonamiento arriba expuesto, tenemos que para cada nueva plaga que aparezca, vendrá un transgénico, y así hasta el infinito, mientras estas empresas se ceban a nuestra costa y la variabilidad alimenticia del planeta cae por lo suelos en aras de esta maldita economía globalizada.
Saludos.
Alacecho.
Soy yo de nuevo. Mi campo son los lepidópteros, sobre todo los noctuidos (para que nos entendamos, las mariposas).
Las plagas pueden ser monófagas, asociadas a una familia florística, a una especie, o a muchísimas. Los insectos pueden sobrevivir alimentándose exclusivamente de un huésped, y ello no interfiere en su desarrollo.
Los lepidópteros son indicadores muy sensibles de la capacidad plaguicida de un producto transgénico. Son además especialmente combatidos en el maíz. Los individuos de Spodoptera spp. y Heliothis spp. son un quebradero de cabeza en el campo, y de ahí el interés por encontrar formas de vencerlos.
Hay varios estudios desde hace años que relacionan una alta mortalidad de noctuidos no plaga en cultivos transgénicos, y por supuesto, la capacidad de los transgénicos de mezclarse con las especies endémicas. No nos engañemos, estas empresas manejan la información igual que el código genético.
Alacecho.
Las empresas
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