Es cierto, quizás lo he interpretado demasiado literalmente. Pero es que incluso con la interpretación que me quieres dar no estoy de acuerdo con que la razón niegue lo que no vea (o lo que no se demuestre o no se pueda comprobar), al menos no debería negarlo.
Porque si no dejamos las puertas abiertas a posibilidades factibles nos cargamos un montón de cosas.
Voy a ponerte un ejemplo que quizás te choque un poco que lo ponga yo: Darwin. Si Darwin, con la interpretación literal que se daba (en la propia Iglesia, a veces, o incluso la mayoría de las veces) del Génesis, hubiera cerrado las puertas a una posible evolución de las especies, nunca la hubiera descubierto.
Por eso es bueno tener una mente abierta, y no asegurar las cosas de las que no estamos seguros como si estuviéramos de vuelta de todo.
Si la razón niega lo que no ve, nunca podrá llegar a verlo. Es como si yo estoy en una habitación cerrada, sin ventanas, con una puerta cerrada con llave. Yo no puedo negar que fuera haya algo porque no lo veo, entonces nunca llegaré a descubrirlo. Tengo que contar con la posibilidad de que fuera haya un jardín, una carretera o lo que sea. Pero si me encierro en mí mismo y me digo: fuera no hay nada, fuera no hay nada, pues ahí me quedaré.
Los creyentes somos los que ponemos las orejas en la pared intentando encontrar alguna pista sobre si hay algo fuera, y si hay algo, descubrir lo que hay. Los creyentes cristianos, incluso, creemos que desde fuera ha llegado Alguien que nos ha dicho qué es lo que hay fuera.
Quizás un buen número de ateos se puede decir que han estado un tiempo con la oreja pegada a la pared pero se han aburrido de esperar. Pero tan legítima es su posición como la nuestra, porque desde dentro de la habitación no se puede asegurar nada.
Me he puesto un poco filosófico, pero creo que el ejemplo no es malo del todo.
Re:dos tazas
(Puntos:1)( http://kism.zeeblo.com/ | Última bitácora: Sábado, 19 Julio de 2003, 09:31h )
Porque si no dejamos las puertas abiertas a posibilidades factibles nos cargamos un montón de cosas.
Voy a ponerte un ejemplo que quizás te choque un poco que lo ponga yo: Darwin. Si Darwin, con la interpretación literal que se daba (en la propia Iglesia, a veces, o incluso la mayoría de las veces) del Génesis, hubiera cerrado las puertas a una posible evolución de las especies, nunca la hubiera descubierto.
Por eso es bueno tener una mente abierta, y no asegurar las cosas de las que no estamos seguros como si estuviéramos de vuelta de todo.
Si la razón niega lo que no ve, nunca podrá llegar a verlo. Es como si yo estoy en una habitación cerrada, sin ventanas, con una puerta cerrada con llave. Yo no puedo negar que fuera haya algo porque no lo veo, entonces nunca llegaré a descubrirlo. Tengo que contar con la posibilidad de que fuera haya un jardín, una carretera o lo que sea. Pero si me encierro en mí mismo y me digo: fuera no hay nada, fuera no hay nada, pues ahí me quedaré.
Los creyentes somos los que ponemos las orejas en la pared intentando encontrar alguna pista sobre si hay algo fuera, y si hay algo, descubrir lo que hay. Los creyentes cristianos, incluso, creemos que desde fuera ha llegado Alguien que nos ha dicho qué es lo que hay fuera.
Quizás un buen número de ateos se puede decir que han estado un tiempo con la oreja pegada a la pared pero se han aburrido de esperar. Pero tan legítima es su posición como la nuestra, porque desde dentro de la habitación no se puede asegurar nada.
Me he puesto un poco filosófico, pero creo que el ejemplo no es malo del todo.