En primer lugar, agradecer al amigo Gregorio la voluntad de profundizar en un debate tan importante como este, y hacerlo además esfórzandose en argumentar bien.
Básicamente estoy de acuerdo en que, más que un oxímoron, la expresión "propiedad intelectual" la entiendo como una "contradicción en los términos" (o contradictio in terminis, como se llama en el arte de la retórica). En todo caso, más allá de su mayor o menor consistencia lógica, lo que pretendía resaltar es la inconsistencia de intentar tratar los frutos del intelecto como si fuesen bienes materiales, por tanto "apropiables". La idea, naturalmente, no es mía, y mucha gente la ha desarrollado antes (recomiendo muy especialmente la lectura de Vender vino sin botellas [sindominio.net], de JP Barlow).
(La idea del oxímoron, por cierto, tampoco es "mía": aunque él no lo llama así, esta argumentación sobre la propiedad como "bien antagónico y excluible" se la escuché a Jorge Cortell, que es economista, en una de sus brillantes conferencias.)
Sin embargo, sea o no un oxímoron, la parte central del argumento --que el conocimiento no es apropiable, como sí lo son las sillas y las mesas-- creo que es perfectamente válido. Y las obras como tales son conocimiento (por eso existe el procomún de las bibliotecas, y no de las sillas o de las mesas). Lo que explicas con el ejemplo de lo que hay en "tu" bitácora frente a lo que hay en "mi" comentario es una pequeña trampa que te tiende el lenguaje. Cuando dices "mi amigo" no es lo mismo que cuando dices "mi camisa". No porque en un caso sea humano y en el otro no, sino porque en términos gramaticales en un caso indicas relación ("mi amigo" significa que hay una relación entre dos personas, nada que ver con la propiedad) y en el otro indicas posesión ("mi camisa" significa que es de mi propiedad).
Esto no es una diferencia solo gramatical, sino que indica realidades filosóficas distintas: a ese "mi", de "mi amigo" o de "mi libro" el filósofo español Xavier Zubiri lo denominó "suidad": "aquello que le es propio al ser humano" y que puede estar bajo relacion paterno/filial (mi hijo), de dominio (mi habilidad, mi idea) o de propiedad (mi casa). (como ves, la propiedad es una de las formas posibles de la suidad, pero no la única)
Y no es solo una cuestión filosófica: esa diferencia entre relación y posesión del adjetivo "mi" --que pasa inadvertida en el habla normal-- tiene también un tratamiento jurídico diferente. Cuando alguien dice "tengo un hijo" o "mi hijo" no es lo mismo que cuando dice "tengo una bicicleta" o "mi bicicleta". El hijo no es "tuyo" en el sentido que lo es la bicicleta: tienes ciertos derechos sobre él (paternidad, custodia, etc.) pero no puedes coger y tirarlo por la ventana, cosa que sí puedes hacer con la bicicleta.
Me dirás que la diferencia es que en un caso es un ser humano y en el otro no. Sin embargo, la propiedad intelectual --o el derecho de autor-- se parece más al "mi hijo" que a "mi bicicleta", pese a tratarse de objetos no humanos. La prueba de ello es que el legislador hace muchísimo hincapié --varios artículos-- en los "derechos morales" del autor sobre su obra (que no es otra cosa que la mencionada "suidad"). Sin embargo, nunca oirás hablar del "derecho moral" sobre las bicicletas, u otros objetos físicos. Lo demuestra el hecho de que el resto del derecho de autor (el llamado de derecho de explotación de "derecho de copia" en sentido estricto) lo puedes vender. En cambio, el derecho moral --que es el auténtico derecho de autor, el que defendemos en el software libre y en el copyleft-- la propia ley española dice que es "inalienable", es decir, no puedes venderlo: es "tuyo" en el sentido de "suidad", no en el sentido de propiedad (una propiedad se puede vender, la suidad no).
En resumen, cuando la gente que consideramos que los frutos del conocimiento humano (como el softwate) no debe tener propietarios, estamos pensando en este concepto de "suidad": es "mi programa", "mi web", "mi libro" y "mi bitácora", pero no en el sentido antagónico (si es mío no puede ser tuyo al tiempo) ni excluible (puedo ponerle cerrojos) que se le atribuye cuando digo "Mi iBook" o "mi ferrari testarrosa". Sin embargo, los que defienden que el conocimiento humano sí debe ser apropiable sostendrán que el software, las ideas o las obras literarias son como los ferraris testarrosa: bienes antagónicos, excluibles y escasos. Se trata pues, en último término, de una apuesta ética (o política) por el modelo de la suidad o el modelo de la propiedad.
Por último, creo que es útil que diferenciemos entre copia y plagio. Cuando dices:
Nótese que mi lector podría escribir libremente sobre esta idea (incluso sobre exactamente la misma, si se diera el caso) sin atentar contra la ley de propiedad intelectual. Lo que no podría hacer es tomar este texto y decir que es suyo.
estás hablando de plagio. Yo podría tomar ese texto y leerlo, sin atribuírmelo, y el texto sigue siendo "tuyo" (en el sentido moral, de suidad). Eso es lo que defendemos. No plagiar, sino compartir. Pero las leyes de propiedad intelectual pretenden evitar esto: si se impide por ejemplo el préstamo de un libro electrónico, se está atacando la idea de la suidad, que nada tiene que ver con el plagio. Se está atacando a la libre circulación de las ideas, que es un bien protegible de mayor entidad que el interés particular de un "propietario" de derechos (que, recordemos, no es necesariamente al autor).
Se trata en fin de "renegociar" ese acuerdo: el derecho de autor no puede seguir siendo omnímodo como hasta ahora. El derecho de autor no es un derecho fundamental en ninguna legislación, mientras que la defensa del conocimiento humano como bien común sí que lo es, desde la propia declaración universal de los derechos humanos. Es justo que si alguien cobra por una obra deba ser su autor en primer lugar (lo cual tampoco sucede con el modelo propietario, que el dinero se lo quedan los intermediarios), pero mientras no haya ánimo de lucro, al igual que las ideas, los bits --como frutos intangibles, abundantes, no excluibles ni antagónicos-- deben circular libremente, ser procomún. Impedirlo será a costa de secar las fuentes de la innovación y de producir un gran trauma y alarma social (criminalizar a la mayoría de la población, que cada vez comparte y copia más sin ánimo de lucro).
--
"Porque las opiniones cambian, el relativista cree que cambian las verdades." --Gómez Dávila
suidad
(Puntos:4, Interesante)( http://barrapunto.com/~Yonderboy/bitacora | Última bitácora: Martes, 03 Junio de 2008, 20:02h )
Básicamente estoy de acuerdo en que, más que un oxímoron, la expresión "propiedad intelectual" la entiendo como una "contradicción en los términos" (o contradictio in terminis, como se llama en el arte de la retórica). En todo caso, más allá de su mayor o menor consistencia lógica, lo que pretendía resaltar es la inconsistencia de intentar tratar los frutos del intelecto como si fuesen bienes materiales, por tanto "apropiables". La idea, naturalmente, no es mía, y mucha gente la ha desarrollado antes (recomiendo muy especialmente la lectura de Vender vino sin botellas [sindominio.net], de JP Barlow).
(La idea del oxímoron, por cierto, tampoco es "mía": aunque él no lo llama así, esta argumentación sobre la propiedad como "bien antagónico y excluible" se la escuché a Jorge Cortell, que es economista, en una de sus brillantes conferencias.)
Sin embargo, sea o no un oxímoron, la parte central del argumento --que el conocimiento no es apropiable, como sí lo son las sillas y las mesas-- creo que es perfectamente válido. Y las obras como tales son conocimiento (por eso existe el procomún de las bibliotecas, y no de las sillas o de las mesas). Lo que explicas con el ejemplo de lo que hay en "tu" bitácora frente a lo que hay en "mi" comentario es una pequeña trampa que te tiende el lenguaje. Cuando dices "mi amigo" no es lo mismo que cuando dices "mi camisa". No porque en un caso sea humano y en el otro no, sino porque en términos gramaticales en un caso indicas relación ("mi amigo" significa que hay una relación entre dos personas, nada que ver con la propiedad) y en el otro indicas posesión ("mi camisa" significa que es de mi propiedad).
Esto no es una diferencia solo gramatical, sino que indica realidades filosóficas distintas: a ese "mi", de "mi amigo" o de "mi libro" el filósofo español Xavier Zubiri lo denominó "suidad": "aquello que le es propio al ser humano" y que puede estar bajo relacion paterno/filial (mi hijo), de dominio (mi habilidad, mi idea) o de propiedad (mi casa). (como ves, la propiedad es una de las formas posibles de la suidad, pero no la única)
Y no es solo una cuestión filosófica: esa diferencia entre relación y posesión del adjetivo "mi" --que pasa inadvertida en el habla normal-- tiene también un tratamiento jurídico diferente. Cuando alguien dice "tengo un hijo" o "mi hijo" no es lo mismo que cuando dice "tengo una bicicleta" o "mi bicicleta". El hijo no es "tuyo" en el sentido que lo es la bicicleta: tienes ciertos derechos sobre él (paternidad, custodia, etc.) pero no puedes coger y tirarlo por la ventana, cosa que sí puedes hacer con la bicicleta.
Me dirás que la diferencia es que en un caso es un ser humano y en el otro no. Sin embargo, la propiedad intelectual --o el derecho de autor-- se parece más al "mi hijo" que a "mi bicicleta", pese a tratarse de objetos no humanos. La prueba de ello es que el legislador hace muchísimo hincapié --varios artículos-- en los "derechos morales" del autor sobre su obra (que no es otra cosa que la mencionada "suidad"). Sin embargo, nunca oirás hablar del "derecho moral" sobre las bicicletas, u otros objetos físicos. Lo demuestra el hecho de que el resto del derecho de autor (el llamado de derecho de explotación de "derecho de copia" en sentido estricto) lo puedes vender. En cambio, el derecho moral --que es el auténtico derecho de autor, el que defendemos en el software libre y en el copyleft-- la propia ley española dice que es "inalienable", es decir, no puedes venderlo: es "tuyo" en el sentido de "suidad", no en el sentido de propiedad (una propiedad se puede vender, la suidad no).
En resumen, cuando la gente que consideramos que los frutos del conocimiento humano (como el softwate) no debe tener propietarios, estamos pensando en este concepto de "suidad": es "mi programa", "mi web", "mi libro" y "mi bitácora", pero no en el sentido antagónico (si es mío no puede ser tuyo al tiempo) ni excluible (puedo ponerle cerrojos) que se le atribuye cuando digo "Mi iBook" o "mi ferrari testarrosa". Sin embargo, los que defienden que el conocimiento humano sí debe ser apropiable sostendrán que el software, las ideas o las obras literarias son como los ferraris testarrosa: bienes antagónicos, excluibles y escasos. Se trata pues, en último término, de una apuesta ética (o política) por el modelo de la suidad o el modelo de la propiedad.
Por último, creo que es útil que diferenciemos entre copia y plagio. Cuando dices:
estás hablando de plagio. Yo podría tomar ese texto y leerlo, sin atribuírmelo, y el texto sigue siendo "tuyo" (en el sentido moral, de suidad). Eso es lo que defendemos. No plagiar, sino compartir. Pero las leyes de propiedad intelectual pretenden evitar esto: si se impide por ejemplo el préstamo de un libro electrónico, se está atacando la idea de la suidad, que nada tiene que ver con el plagio. Se está atacando a la libre circulación de las ideas, que es un bien protegible de mayor entidad que el interés particular de un "propietario" de derechos (que, recordemos, no es necesariamente al autor).
Se trata en fin de "renegociar" ese acuerdo: el derecho de autor no puede seguir siendo omnímodo como hasta ahora. El derecho de autor no es un derecho fundamental en ninguna legislación, mientras que la defensa del conocimiento humano como bien común sí que lo es, desde la propia declaración universal de los derechos humanos. Es justo que si alguien cobra por una obra deba ser su autor en primer lugar (lo cual tampoco sucede con el modelo propietario, que el dinero se lo quedan los intermediarios), pero mientras no haya ánimo de lucro, al igual que las ideas, los bits --como frutos intangibles, abundantes, no excluibles ni antagónicos-- deben circular libremente, ser procomún. Impedirlo será a costa de secar las fuentes de la innovación y de producir un gran trauma y alarma social (criminalizar a la mayoría de la población, que cada vez comparte y copia más sin ánimo de lucro).
"Porque las opiniones cambian, el relativista cree que cambian las verdades." --Gómez Dávila