por
pobrecito hablador
el Martes, 23 Noviembre de 2004, 22:35h
(#393197)
Reclamo el derecho a existir del Andaluz.
El Andaluz es algo más que un acento o un dialecto, está lleno de giros y palabras propias, muchas de ellas de raiz árabe que le dan una personalidad propia.
Reclamo que se le reconozca para evitar el peligro de su extinción en un mundo globalizado y dominado por multinacionales de la comunicación.
Que los jóvenes andaluces sepan que la forma de hablar de sus padres no es una muestra de catetismo y de atraso sinó una expresión de su identidad.
Y sobre lo otro, si nombrar a la lengua de Cervantes de uno u otro modo.
Bueno, también debe haber sus matices. No debemos olvidar que fue un académico de la RAE (senador por designación real para más señas) quien propuso sustituir la palabra "español" por la de "castellano" en la Constitución como lengua oficial.
De todas formas, es una discusión inútil, un nomitavismo que no aporta nada, pero desgraciada o afortunadamente de eso viven los lingüístas y filólogos, de las palabras.
por
pobrecito hablador
el Miércoles, 24 Noviembre de 2004, 14:40h
(#393547)
Xabier Kintana Urtiaga - Miembro de Euskaltzaindia
¿Son lenguas españolas?
Sin duda alguien pensará maliciosamente que se trata de una pregunta meramente retórica, y más de uno se apresurará a recordarme que el artículo 3 de la vigente Constitución española indica que: «1) El castellano es la lengua española oficial del Estado (...) 2) Las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas de acuerdo con sus estatutos. 3) La riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección», ante lo que resulta evidente que sobra la pregunta arriba formulada. Pero, a mi juicio, las cosas no están tan claras.
Dejo de lado el hecho, nada casual, de que el castellano se cita expresamente en el texto, mientras los demás idiomas de España no se mencionan por sus nombres. Tampoco insistiré en la circunstancia de que varios de esos idiomas «españoles» se hablan, además, en otros países, como Francia, Andorra y Portugal. No niego, tampoco, que la lengua catalana, vasca y gallega estén reconocidas como oficiales por los estatutos de autonomía de esas comunidades, ni que sus respectivas Academias gocen de la ayuda del Estado, aunque todo hay que decirlo, a diferencia del envidiable caso de la Real Academia Española, dichas ayudas se vean con frecuencia sustancialmente mermadas por las decisiones arbitrarias de partidos políticos que, irónicamente, ignoran el mandato del texto constitucional que dicen defender, para anteponer sus motivos ideológicos neocentralistas.
Quisiera creer en la sinceridad del texto constitucional, pero no puedo. Me resulta imposible de entender que algo declarado «patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección» pueda ser tratado con tanto desdén y torpeza. Todos estamos acostumbrados a ver las reacciones que suscita en el alma hispana cualquier decisión de la administración americana para relegar el español en los Estados Unidos. Protestas airadas, campañas mediáticas, gestiones diplomáticas, organización apresurada de congresos en defensa del idioma presididas por sus majestades, etcétera. Sin embargo, nada de esto ocurre si lo marginado es alguna de esas otras «modalidades lingüísticas», supuestamente, también españolas.
No es ningún secreto para nadie que en el siglo XXI ninguna lengua puede soñar con la pervivencia si no cuenta con protección estatal. El castellano, pujante en España y en los países latinoamericanos en los que es oficial, sin esas ayudas estatales, desfallece en muchas zonas de Norteamérica, bajo el todopoderoso inglés, al igual que lo hizo antes en Filipinas ante la concurrencia de un idioma menos brillante, pero oficial, como es el tagalog. Igualmente, la preocupación de los franceses por el futuro de su lengua en Canadá, les ha llevado a contemplar la inde- pendencia de Quebec como única garantía para la pervivencia de los francófonos americanos.
Pues bien, si el vasco, el gallego y el catalán son idiomas españoles, parece lógico pensar que su situación fuera de las fronteras del Estado debería interesar y, en su caso, preocupar a la ciudadanía española, y muy especialmente a sus gobernantes. Sin embargo, ante la evidente política parisina de exterminio de las lenguas distintas del francés, entre las que se encuentran el vasco y el catalán, el gobierno español jamás ha hecho ninguna gestión para impedirlo, ni hemos escuchado media palabra de protesta, cuando lo lógico hubiera sido elaborar planes y establecer acuerdos para su fomento y desarrollo en esos territorios. Es más, a la vista den las numerosas movilizaciones de los ciudadanos del País Vasco de Francia a favor de un Departamento propio dotado de autonomía administrativa, único medio para la supervivencia de la lengua y de la cultura vascas en Iparralde, el presidente del gobierno español, José María Aznar, se apresuró a pedir públicamente a su homólogo francés, que no accediese a dicha petición, y que negara a los vascos de Aquitania algo, que
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pobrecito hablador
el Miércoles, 24 Noviembre de 2004, 17:47h
(#393646)
"Castellano y español son perfectamente sinónimos". En efecto, como el valenciano, que en Cataluña lo llaman catalán pero que sigue siendo el mismo idioma, el valenciano.
Re:¿Tiene la R.A.E. el copyright del castellano?
(Puntos:1)Re:¿Tiene la R.A.E. el copyright del castellano?
(Puntos:2)( http://barrapunto.com/ )
Solo deberia considerarse español=castellano si españa solo tuviera una lengua, cosa que actualmente no es asi.
Re:¿Tiene la R.A.E. el copyright del castellano?
(Puntos:0)Reclamo que se le reconozca para evitar el peligro de su extinción en un mundo globalizado y dominado por multinacionales de la comunicación.
Que los jóvenes andaluces sepan que la forma de hablar de sus padres no es una muestra de catetismo y de atraso sinó una expresión de su identidad.
He dicho.
Re:¿Tiene la R.A.E. el copyright del castellano?
(Puntos:1)( Última bitácora: Viernes, 28 Julio de 2006, 15:12h )
Bueno, también debe haber sus matices. No debemos olvidar que fue un académico de la RAE (senador por designación real para más señas) quien propuso sustituir la palabra "español" por la de "castellano" en la Constitución como lengua oficial.
De todas formas, es una discusión inútil, un nomitavismo que no aporta nada, pero desgraciada o afortunadamente de eso viven los lingüístas y filólogos, de las palabras.
¿Son lenguas españolas?
(Puntos:0)¿Son lenguas españolas?
Sin duda alguien pensará maliciosamente que se trata de una pregunta meramente retórica, y más de uno se apresurará a recordarme que el artículo 3 de la vigente Constitución española indica que: «1) El castellano es la lengua española oficial del Estado (...) 2) Las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas de acuerdo con sus estatutos. 3) La riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección», ante lo que resulta evidente que sobra la pregunta arriba formulada. Pero, a mi juicio, las cosas no están tan claras.
Dejo de lado el hecho, nada casual, de que el castellano se cita expresamente en el texto, mientras los demás idiomas de España no se mencionan por sus nombres. Tampoco insistiré en la circunstancia de que varios de esos idiomas «españoles» se hablan, además, en otros países, como Francia, Andorra y Portugal. No niego, tampoco, que la lengua catalana, vasca y gallega estén reconocidas como oficiales por los estatutos de autonomía de esas comunidades, ni que sus respectivas Academias gocen de la ayuda del Estado, aunque todo hay que decirlo, a diferencia del envidiable caso de la Real Academia Española, dichas ayudas se vean con frecuencia sustancialmente mermadas por las decisiones arbitrarias de partidos políticos que, irónicamente, ignoran el mandato del texto constitucional que dicen defender, para anteponer sus motivos ideológicos neocentralistas. Quisiera creer en la sinceridad del texto constitucional, pero no puedo. Me resulta imposible de entender que algo declarado «patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección» pueda ser tratado con tanto desdén y torpeza. Todos estamos acostumbrados a ver las reacciones que suscita en el alma hispana cualquier decisión de la administración americana para relegar el español en los Estados Unidos. Protestas airadas, campañas mediáticas, gestiones diplomáticas, organización apresurada de congresos en defensa del idioma presididas por sus majestades, etcétera. Sin embargo, nada de esto ocurre si lo marginado es alguna de esas otras «modalidades lingüísticas», supuestamente, también españolas. No es ningún secreto para nadie que en el siglo XXI ninguna lengua puede soñar con la pervivencia si no cuenta con protección estatal. El castellano, pujante en España y en los países latinoamericanos en los que es oficial, sin esas ayudas estatales, desfallece en muchas zonas de Norteamérica, bajo el todopoderoso inglés, al igual que lo hizo antes en Filipinas ante la concurrencia de un idioma menos brillante, pero oficial, como es el tagalog. Igualmente, la preocupación de los franceses por el futuro de su lengua en Canadá, les ha llevado a contemplar la inde- pendencia de Quebec como única garantía para la pervivencia de los francófonos americanos.
Pues bien, si el vasco, el gallego y el catalán son idiomas españoles, parece lógico pensar que su situación fuera de las fronteras del Estado debería interesar y, en su caso, preocupar a la ciudadanía española, y muy especialmente a sus gobernantes. Sin embargo, ante la evidente política parisina de exterminio de las lenguas distintas del francés, entre las que se encuentran el vasco y el catalán, el gobierno español jamás ha hecho ninguna gestión para impedirlo, ni hemos escuchado media palabra de protesta, cuando lo lógico hubiera sido elaborar planes y establecer acuerdos para su fomento y desarrollo en esos territorios. Es más, a la vista den las numerosas movilizaciones de los ciudadanos del País Vasco de Francia a favor de un Departamento propio dotado de autonomía administrativa, único medio para la supervivencia de la lengua y de la cultura vascas en Iparralde, el presidente del gobierno español, José María Aznar, se apresuró a pedir públicamente a su homólogo francés, que no accediese a dicha petición, y que negara a los vascos de Aquitania algo, que
Como el valenciano
(Puntos:0)