H. P. Lovecraft (1989 - 1937) se embarcó en un proyecto de colaboración literaria con otros autores de revistas en las que publicaba. El relato, titulado "El Desafío del Más Allá", según Sprague de Camp, biógrafo de Lovecraft, es bastante penoso.
Las diferencias de estilo irreconciables entre los distintos autores (entre los que cabe destacar, aparte de Lovecraft, Robert E. Howard, creador de Conan ) hunden una historia que se presentaba ya de por sí bastante trillada: un hombre caminando por un oscuro y siniestro bosque encuentra un extraño artilugio cúbico de procedencia extraterrestre.
Lovecraft, no se sabe si aburrido por las dos primeras partes (a él le tocaba la tercera), o con ganas de autoparodiarse, le da al relato un giro totalmente inesperado. Según de Camp: "[Lovecraft aporta] un un argumento de lo más activo. Imaginó que los civilizados habitantes del lejano planeta Yekub, en forma de ciempiés gigantes, habían enviado esto cubos de cuarzo por todo el universo. Cuando los nativos de los planetas adonde habían ido a parar estos objetos los examinaban, los ciempiés intercambiaban sus mentes con ellos. [Esto es lo que sucede al héroe y] al mirarse en un espejo, muy de acuerdo con el estilo lovecraftiano... se desmaya" (De Camp, Sprague , Lovecraft, Ed. Nostromo, 1978, Traducción de Francisco Torres Oliver, ISBN: 84-204-4057-4).
Lo malo es que, cuando se despierta, ya no está H.P.L. al cargo, sino Robert E. Howard y ya no es un lánguido émulo de Randolph Carter, sino el fornido Cimerriano con forma de anélido (¿artrópodo?). Se carga a todo un ejército de bichos y es coronado rey de Yekub.
En fin, eso de que el arte imita al arte (o al revés)...
Otros ya lo intentaron
(Puntos:3, Informativo)( https://plus.google.com/u/0/b/100910335823350190167/ )
Las diferencias de estilo irreconciables entre los distintos autores (entre los que cabe destacar, aparte de Lovecraft, Robert E. Howard, creador de Conan ) hunden una historia que se presentaba ya de por sí bastante trillada: un hombre caminando por un oscuro y siniestro bosque encuentra un extraño artilugio cúbico de procedencia extraterrestre.
Lovecraft, no se sabe si aburrido por las dos primeras partes (a él le tocaba la tercera), o con ganas de autoparodiarse, le da al relato un giro totalmente inesperado. Según de Camp: "[Lovecraft aporta] un un argumento de lo más activo. Imaginó que los civilizados habitantes del lejano planeta Yekub, en forma de ciempiés gigantes, habían enviado esto cubos de cuarzo por todo el universo. Cuando los nativos de los planetas adonde habían ido a parar estos objetos los examinaban, los ciempiés intercambiaban sus mentes con ellos. [Esto es lo que sucede al héroe y] al mirarse en un espejo, muy de acuerdo con el estilo lovecraftiano... se desmaya" (De Camp, Sprague , Lovecraft, Ed. Nostromo, 1978, Traducción de Francisco Torres Oliver, ISBN: 84-204-4057-4).
Lo malo es que, cuando se despierta, ya no está H.P.L. al cargo, sino Robert E. Howard y ya no es un lánguido émulo de Randolph Carter, sino el fornido Cimerriano con forma de anélido (¿artrópodo?). Se carga a todo un ejército de bichos y es coronado rey de Yekub.
En fin, eso de que el arte imita al arte (o al revés)...