por
pobrecito hablador
el Martes, 30 Agosto de 2005, 14:59h
(#582727)
No sé si internet lo espiarán y filtrarán o no (aunque lo supongo), pero lo que sí sé es que las llamadas telefónicas las espían y las cortan cuando la conversación no interesa al régimen.
Os cuento: una vez hablando por teléfono con un íntimo cubano que estaba en la isla (en el Oriente, que es la parte más "comemierda" -según expresión castiza cubana referida a los seguidores ciegos y accérrimos del régimen-), salió por casualidad el tema de la droga y empecé a comentar, como algo sin mayor importancia, el reportaje que dieron en La 2 hace pocos años sobre las plantaciones de marihuana en terrenos de las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias). Bien, pues no lo pude terminar de contar: curiosamente la conversación se cortó de súbito, cuando normalmente no se corta según mi experiencia contrastada en muchas otras largas conversaciones. Tengamos en cuenta que las llamadas telefónicas desde el exterior son otra fuente de divisas importante para el estado cubano.
Respecto a Internet, sí existen restricciones, y muchas. De hecho en muchas zonas los consumibles informáticos están restringidísimos; y de las computadoras ni hablemos. Si intentas meter una en la isla para dársela a un residente te la requisarán. Y la mayor restricción es que no dan líneas telefónicas nada más que a un porcentaje minoritario de la población generalmente afín, de los cuales muchos ni siquiera pueden recibir llamadas del extranjero (pueden perder la valoradísima línea, que sería algo así como perder un coche caro). La segunda es que los cibercafés, al menos en el Oriente, son sólo para los extranjeros.
Sinceramente, cuando nos comunicamos con Cuba, mediante teléfono o del típico correo electrónico del amigo del amigo del amigo que tiene una cuenta estatal, lo hacemos con mucho cuidado y guardándonos mucho de decir nada contrario al régimen.
Esa es mi experiencia. Y no soy cubano, que conste. Aunque sí tengo un extrecho ligazón y cariño a esa isla, y además radicalmente aborrezco y denuncio el embargo ilegal al que está sometida por parte de EEUU que, además, en parte sirve para justificar muchos de los horrores que comete la dictadura.
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Experiencia personal
(Puntos:1, Informativo)Os cuento: una vez hablando por teléfono con un íntimo cubano que estaba en la isla (en el Oriente, que es la parte más "comemierda" -según expresión castiza cubana referida a los seguidores ciegos y accérrimos del régimen-), salió por casualidad el tema de la droga y empecé a comentar, como algo sin mayor importancia, el reportaje que dieron en La 2 hace pocos años sobre las plantaciones de marihuana en terrenos de las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias). Bien, pues no lo pude terminar de contar: curiosamente la conversación se cortó de súbito, cuando normalmente no se corta según mi experiencia contrastada en muchas otras largas conversaciones. Tengamos en cuenta que las llamadas telefónicas desde el exterior son otra fuente de divisas importante para el estado cubano.
Respecto a Internet, sí existen restricciones, y muchas. De hecho en muchas zonas los consumibles informáticos están restringidísimos; y de las computadoras ni hablemos. Si intentas meter una en la isla para dársela a un residente te la requisarán. Y la mayor restricción es que no dan líneas telefónicas nada más que a un porcentaje minoritario de la población generalmente afín, de los cuales muchos ni siquiera pueden recibir llamadas del extranjero (pueden perder la valoradísima línea, que sería algo así como perder un coche caro). La segunda es que los cibercafés, al menos en el Oriente, son sólo para los extranjeros.
Sinceramente, cuando nos comunicamos con Cuba, mediante teléfono o del típico correo electrónico del amigo del amigo del amigo que tiene una cuenta estatal, lo hacemos con mucho cuidado y guardándonos mucho de decir nada contrario al régimen.
Esa es mi experiencia. Y no soy cubano, que conste. Aunque sí tengo un extrecho ligazón y cariño a esa isla, y además radicalmente aborrezco y denuncio el embargo ilegal al que está sometida por parte de EEUU que, además, en parte sirve para justificar muchos de los horrores que comete la dictadura.