Precisamente el que Iker Jiménez no esté en ninguna universidad
es lo que hace válida mi comparación: lo que quise decir es que eso
prueba que existe un problema en las humanidades que no tenemos en la
ciencia.
En cualquier caso, el problema que mencionas de que el objeto de
estudio en las humanidades sea un ser pensante es sin duda una
dificultad e impone un cierto límite al conocimiento. Pero siempre que
seamos conscientes de él, no debería ser un obstáculo insalvable.
Para empezar se pueden hacer muchos estudios extrayendo datos del
comportamiento habitual de los sujetos: yo no sé tú pero yo no me
comporto de forma diferente sólo por saber que alguien está
recopilando estadístcas sobre, por ejemplo, hábitos de consumo o
número de hijos. Segundo, la consciencia de ser sujeto de un estudio
podría ser incorporada como una corrección a las investigaciones que
lo requieran. En física también tenemos que enfrentarnos diariamente
a incertidumbres e incluso a medidas que perturban el objeto de
estudio y desde luego que esto es una molestia pero, siempre y cuando
seamos conscientes del alcance y precisión de nuestras medidas y nos
mantengamos en el lado seguro, estas incertidumbres no restan
objetividad: son únicamente errores experimentales.
Es por todo esto que creo que el origen de la charlatanería en
las ciencias sociales hay que buscarlo en otra parte: yo me inclino
hacia razones psicológicas y desviaciones sistemáticas en la mente
de los investigadores. Me explico: la mayoría de los temas en
humanidades afectan a nuestra parte más sensible y, por tanto, más
susceptible a la irracionalidad. No es lo mismo hablar de un vaso de
precipitados que de guerras en las que mueren millones de personas, del
origen de la religión o de la influencia de nuestros instintos
sexuales en la vida social. En estos últimos asuntos tendemos a
tomar una postura más visceral y más condicionada por nuestros
prejuicios y nuestra interacción con los demás y ello ha impedido que
en estos asuntos se desarrolle un lenguaje que describa los hechos de manera precisa y sin connotaciones de valor. Fíjate que hoy en
día se habla aún de historiadores de derechas e historiadores de
izquierdas. ¿Cómo es esto posible si ambos miran a los mismos hechos?
Y en esto no vale tu observación sobre la naturaleza subjetiva del
objeto de estudio porque ningún estudio sobre la historia podría
alterar lo que ya ha pasado.
Re:Plas, plas, plas, bravooooo....
(Puntos:2)( Última bitácora: Miércoles, 13 Febrero de 2008, 13:40h )
Precisamente el que Iker Jiménez no esté en ninguna universidad es lo que hace válida mi comparación: lo que quise decir es que eso prueba que existe un problema en las humanidades que no tenemos en la ciencia.
En cualquier caso, el problema que mencionas de que el objeto de estudio en las humanidades sea un ser pensante es sin duda una dificultad e impone un cierto límite al conocimiento. Pero siempre que seamos conscientes de él, no debería ser un obstáculo insalvable. Para empezar se pueden hacer muchos estudios extrayendo datos del comportamiento habitual de los sujetos: yo no sé tú pero yo no me comporto de forma diferente sólo por saber que alguien está recopilando estadístcas sobre, por ejemplo, hábitos de consumo o número de hijos. Segundo, la consciencia de ser sujeto de un estudio podría ser incorporada como una corrección a las investigaciones que lo requieran. En física también tenemos que enfrentarnos diariamente a incertidumbres e incluso a medidas que perturban el objeto de estudio y desde luego que esto es una molestia pero, siempre y cuando seamos conscientes del alcance y precisión de nuestras medidas y nos mantengamos en el lado seguro, estas incertidumbres no restan objetividad: son únicamente errores experimentales.
Es por todo esto que creo que el origen de la charlatanería en las ciencias sociales hay que buscarlo en otra parte: yo me inclino hacia razones psicológicas y desviaciones sistemáticas en la mente de los investigadores. Me explico: la mayoría de los temas en humanidades afectan a nuestra parte más sensible y, por tanto, más susceptible a la irracionalidad. No es lo mismo hablar de un vaso de precipitados que de guerras en las que mueren millones de personas, del origen de la religión o de la influencia de nuestros instintos sexuales en la vida social. En estos últimos asuntos tendemos a tomar una postura más visceral y más condicionada por nuestros prejuicios y nuestra interacción con los demás y ello ha impedido que en estos asuntos se desarrolle un lenguaje que describa los hechos de manera precisa y sin connotaciones de valor. Fíjate que hoy en día se habla aún de historiadores de derechas e historiadores de izquierdas. ¿Cómo es esto posible si ambos miran a los mismos hechos? Y en esto no vale tu observación sobre la naturaleza subjetiva del objeto de estudio porque ningún estudio sobre la historia podría alterar lo que ya ha pasado.