por
pobrecito hablador
el Lunes, 03 Diciembre de 2007, 22:56h
(#988814)
Y si su hijo dice que el profe les tiene manía, duden de ello. Posiblemente lo que pasa es que el ego infantil/juvenil del retoño no deja verle más allá.
Mucho ojo. Yo, desgraciadamente, he vivido casos de "manías profesoriles" tanto de cerca como personalmente. Una profesora le cogió manía a mi hermano, y le suspendía sistemáticamente. La tía era un psicótica que estaba mal de la azotea y estaba empeñada en que mi hermano era un zoquete. Pues bueno, se protestó y se protestó, y a base de no hacer caso, se acabó en una denuncia. El caso se llevó a junta y cuando vieron que, efectivamente, mi hermano tenía razón, sus exámenes fueron calificados correctamente y la profesora en cuestión dejó de expulsarle de clase y llamarle la atención porque sí (increíble pero cierto).
Para más INRI, su ex-marido, que era profesor mío, decidió que no me iba a poner nunca más de un 6 en un examen. Yo, con todo lo inocente y toda la fe que tengo (y aún conservo, milagrosamente) en las personas, jamás pensé que pudiera tenerme manía (o más bien, que tuviese una manía tan tonta él mismo). En una ocasión, discutiendo tras el examen con un compañero que siempre tenía 9 y 10, quedé muy satisfecho porque me esperaba una nota similar (habíamos calcado las respuestas). Él tuvo de nuevo un 10 y yo un 5. Me quedé flipado, pero no le di más importancia.
Más adelante, discutiendo mi madre con él en una de las típicas visitas obligatorias (era el jefe de estudios y mi tutor), ¡conmigo delante!, le oigo soltar algo tal que así: "Verá, las personas tienen también una nota; por ejemplo, ¿Qué nota como persona le pondría usted a su hijo?" Mi madre le dijo que un 10, por ser persona simplemente. El respondió: "Bueno claro, usted porque es su madre, pero por ejemplo, yo que no tengo ninguna implicación, le pondría a su hijo un 5,5 o un 6". Y va el tío y me pregunta: "Usted, dígame, ¿Qué nota suele sacar en mis exámenes?" Y claro, yo le dije: "Pues un 5,5 o un 6". Y respondió: "¿Lo ve usted?".
Total, que ahí empezaron a encajarme todas las piezas. Me quedé estupefacto, ¡el muy anormal me ponía una nota fija hiciese lo que hiciese, basado en la impresión que le daba como persona! Lo dejé correr porque, pensándolo con calma, al menos no me suspendía (y su opinión sobre mi valor como persona me importaba lo que me importan elementos físicos asemejables a dicha opinión, como por ejemplo la mierda). Mi madre quería montarla, pero yo le insistí (nunca he soportado llamar la atención).
Como conclusión, después de más de 15 años, terminé el instituto con una nota media superior a 8 (primero de mi clase) y fui cuarto de mi promoción en ingeniería (nos graduamos unos 80). Ahora estudio doctorado y me va muy bien.
HAY profesores maniáticos. Individuos totalmente trastornados que no deberían haber pisado jamás un centro educativo después de los 16 años. Así que mucho ojo. Antes de desacreditar a vuestro hijo, estudiad el caso con calma. Lo que no hay que temer es castigar el doble de duro a tu hijo si la acusación es infundada. Pero antes de nada yo concedería el beneficio de la duda a tu hijo, si está bien educado no tendría por qué mentir. Y si no miente, por mucho que su impresión sea la de que le tienen manía, los hechos son los hechos.
Re:Fallos del sistema
(Puntos:1, Interesante)Mucho ojo. Yo, desgraciadamente, he vivido casos de "manías profesoriles" tanto de cerca como personalmente. Una profesora le cogió manía a mi hermano, y le suspendía sistemáticamente. La tía era un psicótica que estaba mal de la azotea y estaba empeñada en que mi hermano era un zoquete. Pues bueno, se protestó y se protestó, y a base de no hacer caso, se acabó en una denuncia. El caso se llevó a junta y cuando vieron que, efectivamente, mi hermano tenía razón, sus exámenes fueron calificados correctamente y la profesora en cuestión dejó de expulsarle de clase y llamarle la atención porque sí (increíble pero cierto).
Para más INRI, su ex-marido, que era profesor mío, decidió que no me iba a poner nunca más de un 6 en un examen. Yo, con todo lo inocente y toda la fe que tengo (y aún conservo, milagrosamente) en las personas, jamás pensé que pudiera tenerme manía (o más bien, que tuviese una manía tan tonta él mismo). En una ocasión, discutiendo tras el examen con un compañero que siempre tenía 9 y 10, quedé muy satisfecho porque me esperaba una nota similar (habíamos calcado las respuestas). Él tuvo de nuevo un 10 y yo un 5. Me quedé flipado, pero no le di más importancia.
Más adelante, discutiendo mi madre con él en una de las típicas visitas obligatorias (era el jefe de estudios y mi tutor), ¡conmigo delante!, le oigo soltar algo tal que así: "Verá, las personas tienen también una nota; por ejemplo, ¿Qué nota como persona le pondría usted a su hijo?" Mi madre le dijo que un 10, por ser persona simplemente. El respondió: "Bueno claro, usted porque es su madre, pero por ejemplo, yo que no tengo ninguna implicación, le pondría a su hijo un 5,5 o un 6". Y va el tío y me pregunta: "Usted, dígame, ¿Qué nota suele sacar en mis exámenes?" Y claro, yo le dije: "Pues un 5,5 o un 6". Y respondió: "¿Lo ve usted?".
Total, que ahí empezaron a encajarme todas las piezas. Me quedé estupefacto, ¡el muy anormal me ponía una nota fija hiciese lo que hiciese, basado en la impresión que le daba como persona! Lo dejé correr porque, pensándolo con calma, al menos no me suspendía (y su opinión sobre mi valor como persona me importaba lo que me importan elementos físicos asemejables a dicha opinión, como por ejemplo la mierda). Mi madre quería montarla, pero yo le insistí (nunca he soportado llamar la atención).
Como conclusión, después de más de 15 años, terminé el instituto con una nota media superior a 8 (primero de mi clase) y fui cuarto de mi promoción en ingeniería (nos graduamos unos 80). Ahora estudio doctorado y me va muy bien.
HAY profesores maniáticos. Individuos totalmente trastornados que no deberían haber pisado jamás un centro educativo después de los 16 años. Así que mucho ojo. Antes de desacreditar a vuestro hijo, estudiad el caso con calma. Lo que no hay que temer es castigar el doble de duro a tu hijo si la acusación es infundada. Pero antes de nada yo concedería el beneficio de la duda a tu hijo, si está bien educado no tendría por qué mentir. Y si no miente, por mucho que su impresión sea la de que le tienen manía, los hechos son los hechos.