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  • por faragon (17575) el Sábado, 11 Octubre de 2008, 09:27h (#1090155)
    ( http://www.voluntariado.net/ | Última bitácora: Domingo, 10 Junio de 2012, 21:48h )
    Hombre, no creo que haya nadie que conozca la "respuesta óptima" a tu pregunta, especialmente cuando fuera de toda lógica, entran en juego "decretazos" y otras medidas de "emergencia".

    Respecto a la opinión de los expertos sobre qué hacer en la situación actual, hay opiniones variopintas, si bien vienen a coincidir en:

    - Es razonable no tener deudas o tener el mínimo de ellas, para tener margen de maniobra para estar preparados para el, ya en curso, empeoramiento de la situación laboral, que provocará una reducción de renta familiar disponible.

    - Hay restricción de liquidez, fruto del tener mucha deuda a largo y pocos fondos circulando, ergo, lo que vale es el dinero, pues no deja de ser una mercancía más, también sujeta a oferta y demanda. Dado que un contexto de hiperinflación empeoraría más el problema, parece descartado el caso, resultando claro que es más seguro tener euros que barro cocido (hay pocos euros y mucho barro cocido). Salvo en caso de guerra, parece poco probable que "roben" abiertamente, a lo sumo, iremos perdiendo poder adquisitivo durante los próximos 10 años (a la japonesa [wikipedia.org]). Si se acaba confirmando que la tendencia inflacionista cambiará de manera brusca hacia una espiral deflacionista (1 [oil-price.net]), aunque tus ahorros pierdan valor contra determinados productos que se tornen escasos y caros por la reducción en la producción de artículos de lujo, valdrán mucho más que ahora para bienes de primera de necesidad (e.g. la alimentación y la vivienda serán mucho más baratos a medio plazo, viéndose ahora mismo que están cayendo los precios).

    - No escatimes en gastar dinero en *formación*, ese tipo de inversiones son invulnerables a la inflación, decretazos, robos, etc.


    Aunque sea por hablar predicando con el ejemplo, pues también soy susceptible de equivocarme, estas son mis medidas:

    - 0 deudas (además de preparar a mis familiares directos, desde 2005 para reducir las suyas, y estar preparados para estos momentos).

    - Ahorros en depósitos, repartidos en diferentes entidades, en montos muy por debajo de los límites de los fondos de garantía (incluyendo también entidades que operan suscritas a fondos de garantía de otros países, como ING o SelfTrade).

    - Ligero de equipaje, preparado, en caso de drama, para ir a cualquier parte del mundo. El estar preparado para la situación más compleja te da mucha tranquilidad, a parte de la satisfacción de sentir que controlas tu vida (2 [youtube.com]).


    Respecto a la bolsa, de comprar, por mucho que puedan ser tentadoras ahora las acciones, me esperaré (reitero: no son predicciones, sino restricciones, i.e., si llegan a esos precios, en esas fechas -o antes, obviamente-, quizá compre):

    - Santander [eleconomista.es] (alt) [finanzas.com]: a <= 7 euros @ Q2 2009: comprar (más de un 50% nominal de rebaja respecto a máximos a niveles de 15 euros en noviembre/diciembre de 2007.
    - Abengoa [eleconomista.es] (alt [finanzas.com]): 1) a <= 8 euros a @ Q2 2009: comprar (alrededor de un 78% de rebaja respecto a 200707). 2) a <= 6 euros @ Q4 2009: comprar (~83% de rebaja respecto a 200707). [Abengoa a julio de 2007: 37 euros (1 [eleconomista.es], )] [finanzas.com]
    - Indra [eleconomista.es] (alt [finanzas.com]): a <= 10 euros @ Q2 2009: comprar (~50% de descuento respecto a máximos de 2007).
    - Endesa [eleconomista.es] (alt [finanzas.com]): a <= 12 euros @ Q3 2009: comprar (70% de descuento respecto a precios de 2007, a 40 euros, en mi opinión, artificialmente altos por la OPA, si bien parece que el nivel de equilibrio a largo está en los 20 euros -hago de loro, este análisis no es mío-).
    - Telefonica [eleconomista.es] (alt [finanzas.com]): a <= 8 euros @ Q1: 2010: comprar (alrededor de 65% nominal de rebaja respecto a máximos de 2007 -alrededor de 23 euros-).


    En las memorias de Isaac Asimov podemos encontrar alguna joya sobre crisis, en concreto sobre la de 1929 en los Estados Unidos (cita del capítulo 12, "Las largas horas", de sus memorias, de una edición de Ediciones B S.A., ISBN 84-406-8120-8):

    El factor dominante de mi vida entre los seis y los veintidós años fue la tienda de caramelos de mi padre.

    Tenía muchos aspectos positivos. Mi padre era su propio jefe y no podían despedirle. Esto fue primordial una vez que empezó la Gran Depresión con el hundimiento de la bolsa en 1929. Con millones de parados, sin seguro de desempleo ni asistencia social, con la sensación de que lo único que la sociedad podía hacer por los desafortunados era darles de vez en cuando diez centavos para que tomaran un café ("Buddy, can you spare a dime?" ["Hermano, ¿te sobran diez centavos?"]), no había más remedio que ponerse en una esquina con un abrigo raído y vender manzanas, escarbar en los cubos de basura o morir de hambre.

    Nadie puede haber vivido la Gran Depresión sin que le haya dejado secuelas. En Estados Unidos, al menos, su devastación fue mayor que la de la Segunda Guerra Mundial (si nos olvidamos de las víctimas militares, lo que es, por supuesto, difícil de hacer). Ningún "hijo de la depresión" podrá ser nunca un yuppie. Nada que haya ocurrido después puede convencer a alguien que la haya vivido de que el mundo está económicamente a salvo. Siempre se espera que los bancos cierren, que las fábricas quiebren, que llegue la carta de despido.

    La familia Asimov escapó. Por poco. Éramos pobres pero teníamos lo suficiente para poder comer y pagar el alquiler. Nunca estuvimos amenazados por el hambre o el desahucio. ¿Y por qué? La tienda de caramelos. Producía lo suficiente para mantenernos. Sólo lo mínimo, pero en la Gran Depresión incluso lo mínimo era el paraíso.

    Pagamos un precio, por supuesto. Todo tiene su precio. Hacer que funcionara la tienda requería todo el tiempo de mi padre y de mi madre (aunque ella se las arreglaba para mantener la casa más o menos en orden y para preparar la comida).

    Esto quiere decir que a partir de los seis años me quedé sin la posibilidad de tener unos padres tradicionales: una madre que se quedaba en casa, que pasaba horas en la cocina, que estaba disponible si se la necesitaba para esto o aquello, y un padre que aparecía al terminar el trabajo y que hacía cosas contigo los fines de semana.

    Por otra parte, siempre sabía dónde estaban. Estaban en la tienda y siempre podía encontrarlos allí. Esto, supongo, me proporcionaba seguridad.


    [ Padre ]
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