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  • por pobrecito hablador el Jueves, 24 Diciembre de 2009, 15:33h (#1193228)
    Revelar información sobre afiliación política, sindical, religiosa o sexual de una persona sin su consentimiento es en España delito muy grave. A ver si nos dejamos de mamarrachadas, que ser de izquierdas no les da patente de corso para hacer lo que les de la gana, cuando les dé la gana, y como les de la gana.
  • por pobrecito hablador el Jueves, 24 Diciembre de 2009, 23:20h (#1193284)
    Me las voy a dar de gracioso, ya lo sé, pero no puedo resistirlo. Cualquiera puede afiliarse a un partido, sindicato, ¿religión? (uno cree no se afilia, pero pasemos) ... de ahí a afiliarse a un sexo, pues vamos, o es masculino o femenino, se nace no se hace ni se afilia... o ¿pensabas em "afiliarte" al sexo con el que no naciste? Hombre, que no es posible :-)

    Sí, merezco todos los "gilipollas" que me lancéis. Ya me escapo :-P

    [ Padre ]
  • Y así vamos

    (Puntos:0)
    por pobrecito hablador el Sábado, 26 Diciembre de 2009, 17:44h (#1193452)
    Lo cual lleva a aberraciones como que los donativos a un partido político sean secretos, o que la afiliación de un juez a una organización religiosa integrista no le obligue a inhibirse cuando se trata de un asunto relacionado con ésta.

    Deberíamos apreciar más la transparencia pública en todo lo que tiene que ver con partidos políticos y demás afiliaciones del mismo tipo.
    Más todavía teniendo en cuenta que estos partidos tienen privilegios y particularidades legales y están institucionalizados como parte obligatoria del sistema electoral, por lo que la militancia política (y los donativos a partidos) deberían ser un dato que los demás deberían tener derecho a conocer.

    Y también deberíamos tener en mayor medida el orgullo de las propias convicciones, y no andar por el mundo de súbditos tímidos, disimulando, pretendiendo que la ley nos proteja de que se sepan cosas tan naturalmente públicas como la afiliación política, como si fuéramos ex-esclavos que no pueden permitirse caer mal a ningún poderoso.

    Lo más sangrante de todo es que para lo que conviene esa protección constitucional no existe: no hay manera de evitar dar explicaciones públicas sobre creencias religiosas si se tienen hijos en edad escolar (por la clase de religión en todos los colegios, por imperativo del Concordato), o si se tiene aunque sea el más insignificante cargo (por las tontas "tradiciones" de asistencia oficial a desfiles, procesiones y besamanos eclesiásticos) o se pertenece al Ejército, al profesorado o a otras muchas instancias.
    [ Padre ]