por
pobrecito hablador
el Viernes, 20 Enero de 2012, 03:20h
(#1298677)
Dile lo del P2P a los franceses, que precisamente se lanzaron a las descargas directas cuando los acorralaron en el P2P con la ley HADOPI (hay cerca de ochocientos mil "avisados"). Una de las ventajas de las descargas directas era la "seguridad" para los usuarios. En España nos sentimos bastante "seguros" con el P2P, pero en otros países no es así, y nada garantiza que aquí lo vaya a seguir siendo. Hace un rato leí un comentario de alguien (ya no recuerdo dónde) que me pareció muy acertado. Decía que si no podían ponerle puertas al campo, lo que hacían era bombardearlo; lo que, claro, hace que no resulte muy agradable salir a pasear por él.
Por muy ingenuo que resulte, confiar en soluciones tecnológicas a este problema, es resignarse a seguir viviendo en la clandestinidad. La aspiración debería ser a cambiar las leyes de propiedad intelectual para que vuelvan a recuperar su equilibrio original entre el beneficio para los autores y para la sociedad. La industria de contenidos está muy desubicada en el mundo actual, pero tiene mucho poder y puede hacer mucho daño.
Y es algo que va mucho más allá de la compartición de archivos. Los intereses convergentes de la industria de contenidos, corporaciones y gobiernos por controlar Internet ponen en riesgo el más grande espacio de libertad colectiva que ha habido; en el que, precisamente por ello, residen buena parte de las esperanzas de construir un mundo mejor.
Re:me alegro
(Puntos:3, Interesante)Dile lo del P2P a los franceses, que precisamente se lanzaron a las descargas directas cuando los acorralaron en el P2P con la ley HADOPI (hay cerca de ochocientos mil "avisados"). Una de las ventajas de las descargas directas era la "seguridad" para los usuarios. En España nos sentimos bastante "seguros" con el P2P, pero en otros países no es así, y nada garantiza que aquí lo vaya a seguir siendo. Hace un rato leí un comentario de alguien (ya no recuerdo dónde) que me pareció muy acertado. Decía que si no podían ponerle puertas al campo, lo que hacían era bombardearlo; lo que, claro, hace que no resulte muy agradable salir a pasear por él.
Por muy ingenuo que resulte, confiar en soluciones tecnológicas a este problema, es resignarse a seguir viviendo en la clandestinidad. La aspiración debería ser a cambiar las leyes de propiedad intelectual para que vuelvan a recuperar su equilibrio original entre el beneficio para los autores y para la sociedad. La industria de contenidos está muy desubicada en el mundo actual, pero tiene mucho poder y puede hacer mucho daño.
Y es algo que va mucho más allá de la compartición de archivos. Los intereses convergentes de la industria de contenidos, corporaciones y gobiernos por controlar Internet ponen en riesgo el más grande espacio de libertad colectiva que ha habido; en el que, precisamente por ello, residen buena parte de las esperanzas de construir un mundo mejor.