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Bitácora de grex (2528)

Sábado, 21 de Mayo 2005

A vueltas con los intermediarios - ¿Queremos más?

02:38h.
Bitácoras
De un edificante debate, pero ya antiguo, con Yonderboy, copio y pego una idea que hoy -releyéndolo- me ha llamado la atención. Copio y pego literalmente la frase de Miquel:

Es justo que si alguien cobra por una obra deba ser su autor en primer lugar (lo cual tampoco sucede con el modelo propietario, que el dinero se lo quedan los intermediarios), pero mientras no haya ánimo de lucro, al igual que las ideas, los bits --como frutos intangibles, abundantes, no excluibles ni antagónicos-- deben circular libremente, ser procomún.

Lo que me ha llamado la atención es que precisamente esta idea, bastante extendida, no está refrendada por ninguna de las libertades del software ni por las licencias de Creative Commons que no son NonCommercial. Es más, yo casi diría que entra en contradicción. Veamos por qué.

Las licencias de software libre están pensadas de forma implícita para que prevalezca la difusión sobre cualquier otra característica. Y si el proceso de difusión se facilita mediante la aparición de intermediarios con ánimo de lucro esto no se evita, sino que se fomenta.

No queremos menos intermediarios, queremos más. Incluso aquéllos que se lucran haciéndolo.

Así, y no de otra forma, aparecieron las distribuciones de software libre, verdaderas intermediarias del mundo del software libre. Su trabajo consiste básicamente en tomar el software creado por terceros y empaquetarlo debidamente para consumo masivo, cobrando (o no) al usuario final. En la mayoría de los casos, el creado no cobra (y si lo hace, seguramente no en primer lugar).

Nótese que este proceso de aparición de intermediarios se puede dar indefinidamente, de modo que alguien puede bajarse una distribución (pongamos Debian como caso) y venderla al precio que desee. Lo hace, sin ir más lejos, el Corte Inglés. Curiosamente es este último hecho -el que cualquier pueda hacer de intermediario, es más, el que cualquiera esté invitado a hacer de intermediario- es el que hace que finalmente el precio de las distribuciones tienda al coste marginal (que en la era de Internet es virtualmente cero para bienes intangibles).

Pero aún así existen las distribuciones y los intermediarios en el mundo del software libre. Y los sigue habiendo con ánimo de lucro. Y esto es así, porque generalmente los intermediarios dan un valor añadido. Puede ser porque simplemente alguien no quiere bajarse el taco de CDs de Debian y le es más cómodo comprarlos en ECI aún pagando por la distro. También pueden ofrecer otro tipo de servicios como facilitar la instalación, adaptarla al entorno específico del usuario y toda esa gama de ventajas que nos ofrece el software libre.

Esto no deja de ser diferente a los productos 'tradicionales'. En términos económicos, un producto no es tal hasta que llega a su comprador y en la cadena productiva no sólo interviene el que planta y recoge las patatas (como se asume a veces falsamente), sino todo lo que hace que finalmente cuando yo vaya al súper pueda comprarlas. Y esto es así, porque las patatas que compro yo (que no sé de dónde serán), no me sirven en su origen, sino que son útiles para mí en el supermercado, a veces cortadas en rodajas y en un bote circular que hace pop.

Algo parecido pasa con el software libre -y probablemente con los demás bienes intangibles. Al final el que tiene interés en el software será el que desembolse (o no) una cantidad de dinero.

Es la cercanía al usuario/consumidor final la que posibilita el lucro.

Y la cantidad que desembolsará dependerá tanto de sus necesidades como de lo que ofrezcan los intermediarios y del número de intermediarios (obviando algunos otros parámetros cuya influencia ahora mismo creo insignificante, como podría ser la 'marca', etc.). Esto quiere decir, utilizando una formulación alternativa, que aparece una 'negociación' entre usuario/consumidor e intermediario que antes no existía, ya que era el intermediario el que arbitrariamente ponía el precio (generalmente al ser el productor en régimen de monopolio, aunque no tiene por qué ser siempre así). Y la negociación será más interesante para el consumidor si hay más de un intermediario. De hecho, cuantos más haya, mejor para él.

En este sentido, algo que sería totalmente coherente con todas las obras literarias publicadas bajo las condiciones de las CC NonComercial, sería el caso de una editorial que las publicara en formato libro (de tapas blandas para los bolsillos más pequeños y en tapas duras para los más generosos, por ejemplo) de forma que a los que nos gustan los libros en papel más que leer de la pantalla, podamos disfrutar de la lectura de las mismas. Y lo podría hacer con ánimo de lucro y sin recompensar a los autores originales. Otra vez, el precio de los libros tendrían como límite inferior el coste de producción, pero a partir de ahí dependería de otros factores complejos de analizar, pero entre los que estaría la presencia de otros intermediarios que hicieran lo mismo con las mismas obras.

Entonces, ¿hay alguna posibilidad para los creadores?

Evidentemente, los creadores tienen muchas posiblidades, pero todas ellas pasan por hacer el trabajo de intermediarios o, en otras palabras, acercarse lo más posible al usuario/consumidor final. Y el acercamiento puede depender de la naturaleza de su producción. Para algunos casos es más fácil que en otros: si es software ofreciendo soporte y funcionalidades adicionales (tú eres el que mejor conoces el producto) o si es música siendo el creador original (todo el mundo podría tocar canciones de los Beatles, pero sólo ellos llenaría estadios haciéndolo). Para los libros y el cine es ciertamente más difícil...

En cualquier caso, hay que ser creativo... todos los demás pueden hacer de intermediarios y si no lo haces mejor que ellos, serás uno más. Tu obra ganará en cuanto a maximización de la distribución, pero no te reportará lucro. Eso sí, siendo el creador, siempre se tiene ventajas competitivas sobre el resto; la clave está en saber reconocerlas y hacer uso de ellas.

¿Y lo justo?

Pero, en definitiva, todo ello no quiere decir que sea más justo que si alguien cobra, sea el creador. Se lucrará en mayor o menor medida el que haga llegar la obra a gente que quiera pagar por ella, por la razón que sea, siendo esto tan justo como el que lo hiciera el mismo autor. Decir lo contrario, aunque nos choque, y tal y como hemos visto, no tiene sentido.

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  • por ces (13189) el Sábado, 21 Mayo de 2005, 10:32h (#507324)
    ( Última bitácora: Jueves, 14 Diciembre de 2006, 08:40h )

    No creo que nadie haya puesto en duda la necesidad de intermediarios para la difusión del conocimiento. De hecho la difusión ha sido tradicionalmente cosa suya, porque los autores no siempre han estado interesados en ello: Conocemos desde la antigüedad demasiados casos en que los productores de ese conocimiento querían controlar cómo y a quién llegaba. César cuenta una anécdota de los galos que ilustra este aserto: Tenían escritura, pero sus libros sagrados no estaban escritos, los transmitían sólo oralmente, y no es difícil imaginar que lo contado cambiaba con la concurrencia. Y por cierto, que tales libros se han perdido.

    Tampoco parece que haya intentos serios de evitar a los intermediarios, ni interpreto yo así la cita de Miquel. La cuestión está en que pese a su nominación, no hay en realidad un problema de derechos de autor y cuando lo ha habido, siempre ha sido pequeño; desde la imprenta la problemática de los mal llamados derechos de autor gira sobre todo en torno a los derechos de los editores, frente a los cuales los derechos de los autores palidecen, porque la relación entre ambos nunca ha sido paritaria.

    Téngase en cuenta que los intermediarios hasta la Edad Moderna han estado en el ámbito del procomún: Podían poner el precio que quisieran a los libros que vendían, pero no podían impedir que el comprador pasase a divulgar el conocimiento de igual forma a un tercero. A partir de la imprenta el editor y el estado, a través de una forma jurídica bien peculiar, la licencia para imprimir, establecieron restricciones a la difusión, determinaban qué se podía difundir y dónde.

    Pese a las apariencias, hasta nuestros días la cuestión no se ha movido de manera esencial desde cuando se implantaros las primeras licencias de imprenta, a finales del siglo XV: Sigue sobre todo en determinar cuáles son las restricciones que pueden hacer los editores, en salvaguarda de la inversión que realizan para difundir la obra. La problemática se ha desmenuzado considerablemente, y se ha ampliado para dar cabida a otras cuestiones más específicas de los autores, como si caben autorizar traducciones, pero lo esencial sigue siendo la salvaguarda de los derechos de los intermediarios.

    Y ahí está básicamente el corazón de la licencia GPL. Las licencias que han servido tradicionalmente para la difusión de la ciencia, y con ellas las licencias tipo BSD, que son herederas directas suyas, encierran las cuestiones del derecho de autor al ámbito de los derechos morales, dejando libertad a los intermediarios para establecer las reglas en cualquier otro campo.

    La GPL hace un primer avance hacia la defensa del procomún, para evitar que el conocimiento nunca salga de él. Como en los tiempos medievales, los intermediarios nos podrán cobrar por un programa GPL lo que deseen, pero no podrán impedirnos a nosotros que lo divulguemos en las condiciones que deseemos.

    En este sentido las licencias CC ofrecen caminos más conservadores que la GPL a aquellos que desean que el conocimiento siga en el procomún, pero se evite que nadie haga negocio con la obra salvo sus editores.

  • por IXRA (6765) el Lunes, 23 Mayo de 2005, 09:16h (#508584)
    ( http://herraiz.org/ | Última bitácora: Miércoles, 01 Septiembre de 2004, 06:18h )

    Creo que estáis hablando de intermediarios diferentes. Los intermediarios que menciona Grex no son los que se mencionan en las licencias CC.

    Los intermediarios en el sentido de las licencias CC son los que secuestran las obras, impidiendo que sus autores originales hagan lo que estimen oportuno con ella; además impiden que otras personas puedan emplear, sin contacto con el propietario de los derechos de autor, para cualquier fin.

    Por ejemplo, si escribes un artículo y lo publicas en una revista, ¿puedes colgarlo en la web antes y después de publicarlo? En la mayoría de los casos, no, porque la revista no te lo permite. En este caso la revista es un intermediario al que el autor cede los derechos de autor.

    En cambio, si el artículo se escribe con una licencia CC, el autor puede hacer lo que quiera con su obra, y si permite la explotación comercial, la revista lo puede incluir sin contactar con el autor. El artículo llega al lector a través de la revista, el intermediario, pero no se ha secuestrado la obra, porque el autor original sigue ostentando los derechos de autor, y cualquier otra revista puede publicar también el artículo. Éstos son los intermediarios en el sentido de las distribuciones de Linux, que Grex menciona.

    --

    http://herraiz.org/blog/ [herraiz.org]