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desas3 (26637)

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Bitácora de desas3 (26637)

Sábado, 02 de Diciembre 2006

Territorio anécdota

12:18h.
Humor
Esto debería callármelo, escribir un libro de anécdotas recopiladas a lo largo de unos años y forrarme. Pero como no creo que generara tanto dinero y además ¿quién quiere ser rico y tener que preocuparse de los minolles?, pues lo cuento. Una de anécdotas de trabajo y otros temas:

1. La foto
Me cuenta un amigo que fue a trabajar, en plan outsourcing, para el departamento de informática de un organismo público. Su contacto allí y él van a ver a un usuario de la red que tiene un problema de virus en el equipo.
Cuando llegan, descubren que el sujeto en cuestión tiene, entre otros objetos (incluyendo una pluma de paloma), una fotografía pegada con cinta adhesiva en la esquina superior izquierda del monitor. La foto tiene los bordes superior e izquierdo alineados con los bordes del monitor (no sé si me explico), por lo que en realidad está tapando una parte importante del mismo (alrededor de una octava parte, a ojo).
Intentando solucionar el problema, mi amigo y su contacto comienzan a trastear por el editor de registro pero, por supuesto, necesitan levantar varias veces la fotografía para poder ver la parte del monitor tapada por ella. Finalmente, el usuario (en un alarde de generosidad) echa la foto hacia atrás, permitiendo que vean toda la pantalla, y comenta: "Veréis, es que he tenido que poner la foto ahí..."
[Momento Oliver y Benji: mi amigo piensa "¡Ah!, esto tiene un motivo, probablemente sentimental, y ahora va a explicárnoslo. Este tipo no está tan loco como parece.".]
"... porque la tuve pegada en la parte de la derecha, pero entonces no veía el icono de la cruz y no podía cerrar las ventanas".
No comment.

2. Los auriculares
Me cuenta otro amigo que, en algún alarde de inteligencia, sus jefes decidieron poner una centralita VoIP en el trabajo. Todo esto sería estupendo si no fuera por el hecho de que varias personas de su equipo de trabajo necesitaba hablar por teléfono pero no tenía auriculares con micrófono, por lo que no podía utilizar el software VoIP del que disponían para llamar.
Tras varias llamadas de teléfono, dos correos electrónicos y una espera de casi dos meses, él y su jefe visitan al responsable de compras para pedir los auriculares con carácter de urgencia. Muy serios, solicitan de nuevo los auriculares, recibiendo la siguiente respuesta: "No podemos daros auriculares porque no hay, y van a tardar al menos un mes más en traerlos".
Mi amigo, indignado, pregunta si tan difícil es conseguir unos auriculares y asegura que pueden comprarse en cualquier tienda de informática sin tanta demora. Respuesta:
"Ve y cómpralos tú. El departamento de soporte informático ha comprado varios y ninguno funcionaba. Por lo visto, no son compatibles con Linux". (¿¡!?)
Mi amigo responde: "hasta con unos auriculares de los que dan en el AVE, usándolos como un micrófono, puede llamarse por teléfono, y el micrófono es un estándar hardware que no depende del sistema operativo, funciona en cualquiera". El responsable de compras, muy airado, termina la conversación sugiriéndole que los compre él o que lo discuta él mismo con soporte.
Finalmente, mi amigo descubre que alguna persona muy inteligente en el departamento de soporte, ha sugerido que se compren auriculares USB con la tarjeta de sonido integrada. Así, supone mi amigo, además de tener un cable que casi es una maroma de barco, se ocupará un puerto USB (que sirve para conectar otros muchos aparatos) del equipo y se dejarán libres los conectores mini-jack del micrófono y los auriculares (que sólo sirven para eso), se instalará una nueva tarjeta de sonido en el sistema para liar más a los usuarios (ya el equipo tiene una integrada en placa), se cargará más (muy poco, eso sí) la CPU del sistema (teniendo en cuenta el nuevo driver necesario para la tarjeta de sonido USB) y además se perderá tiempo y dinero intentando configurar ese hardware en Linux (aún no tenemos claro si existe un driver para esto o no) e impidiendo a los empleados llamar por teléfono hasta que esto se solucione.
En definitiva, esta mente privilegiada a conseguido "pesimizar" la situación: ha logrado la configuración menos usable y a la vez la más cara.
Solución dada por mi amigo: fue a una tienda de informática y compró varios auriculares por menos de 12 euros cada uno.

3. El registro
Otro amigo visitó hace unos días Londres. Contándome el viaje, me dijo que fue un pequeño coñazo tener que sacarse previamente el pasaporte, porque tenía el DNI caducado. Además, me describió el conjunto de rituales estúpidos que, a partir de ahora, estamos obligados a realizar cuando viajemos allí: no llevar más de 100 ml de agua, unas colas de espanto debido a los registros, no llevar ningún objeto que pueda explotar (mecheros incluidos), pasar por mil scanners y hasta (sólo algunos pasajeros escogidos aleatoriamente, eso sí) quitarse los zapatos y tener que ir descalzos un tramo para que puedan inspeccionarlos.
Me contaba que todo esto genera un retardo brutal en el aeropuerto de Heathrow y que, gracias a ello, llegó dos horas tarde (nada mal teniendo en cuenta que salía a las 10 de la noche de Londres) a España.
Cuando llegó al aeropuerto español, comprobó las medidas de seguridad de que disponemos aquí, nada que envidiar a los británicos: un guardia civil con una panza de embarazada que, tras comprobar que unos británicos acudían con el pasaporte caducado, los amonestaba durante unos 10 minutos (de retraso añadido para mi amigo) y finalmente les decía: "Bueno, bueno, anda, pasad, pero que sepáis que no debería..."
Evidentemente, Spain is different.

4. El cuchillo
Uno de mis amigos fue a trabajar a un organismo público. Como ese día comería después en la oficina, llevaba el almuerzo en la mochila. Al llegar a la puerta del organismo en cuestión, pasó la mochila por el scanner, la recogió y siguió su camino.
Entonces, el guardia de seguridad lo llamó y mi amigo se volvió. "Oye, ¿tú qué llevas en la mochila? ¡Un cuchillo!" preguntó/afirmó el guardia. "Cierto" confirmó mi amigo, que no había caído en ello al dejar la mochila en el scanner. "Y un tenedor, y unas servilletas y el almuerzo", añadió. "Enséñamelos", dijo el guardia.
Mi amigo sacó el cuchillo y el tenedor, que tenía envueltos en una servilleta y se los mostró al guardia. "De acuerdo, puedes irte" sentenció el mismo y lo dejó marchar con su mochila completa.
Moraleja de la historia: terroristas del mundo, si queréis pasar un cuchillo lo que tenéis que hacer es envolverlo en una servilleta junto con un tenedor y llevar una fiambrera con carne y decirle al guardia que es para el almuerzo: no habrá ningún problema. Mi amigo no ha probado (aún) con una pistola, pero probablemente el truco también funcione. :-P
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